Haditas


Estaba sentado en un andén con los pies
hinchados de tanto caminar y renegando entre dientes
mi mala suerte, cuando de repente vi aquel grupo de
gente, andaban en parejas o tríos, entrando y
saliendo de la iglesia en gran algarabía
"Debe ser misa"
Pensé pero luego noté que todos salían con bolsas en
la mano, la curiosidad me aguijoneó y poniéndome de
pie me acerqué disimuladamente
"Almuerzo de Beneficencia
Decía un cartel de letras grandes y rojas.
"Quién quita..."
Al entrar encontré andrajosos y travestis acomodados
en mesas a lo largo, a unos les servían pan con sopa
caliente, a otros les entregaban bolsas con enlatados
y granos empaquetados. Al principio dudé y estuve a
punto de alejarme pero el estómago me dolía tanto que
por simple instinto me aproximé a una de las mesas
"¿Y tú estás registrado?"
"N..no"
"Ay pues no te pueden servir"
"Uhmm.."
"Puedes decir que eres Julio"
Me explicó uno de los travestis
"Él está preso"
agregó otro
"Julio Perea"
Les di las gracias y me metí en la fila
"Nombre"
"Julio...Julio Perea"
"Número Social"
Me quedé mudo, pensé en voltear y preguntarle a los de
la mesa pero esa no era muy buena idea
"Humm... no me acuerdo"
La vieja me miró desconfiada y llamó al tipo de la
entrada.
"Ya me echan "
pensé y seguro, Carlitos vino con su aretica en la
oreja y su aliento a menta y ¿Qué hospital te trata?
¿Cuál es tu médico de cabecera y etcétera, etcétera,
hasta que le confesé que yo no tenía Sida ni era
paciente ni nada y que la única enfermedad que sufría
era un hambre pasada
"Lo siento mucho pero estos alimentos son para los
enfermos"
Yo le di muy cortésmente las gracias al hijo de puta y
él no me tuvo que mostrar la salida.
Me había alejado unas dos cuadras, arrastrando mi
humillación y rabia, cuando pasaron los maricas de la
mesa
"¿Te dieron algo?"
"No, me botaron"
El travesti hizo una mueca exagerada
"¿Y tú de dónde eres?"
"Colombiano"
"Ay estos colombianos son tan hermosos"
La cara se me puso colorada, era el mejor piropo que
alguien antes me hubiera dado pero no dije nada, más
adelante los alcanzó otro, uno alto con una fisionomía
muy femenina pero una cara demasiado masculina. Los
tres gays comenzaron a cotorrear y yo me fui
rezagando a medida que nos acercábamos la parada del
tren. La gente los miraba con interés, los hombres, en
especial los mayores, se reían con malicia, los niños
preguntaban quienes eran esas señoras tan feas
mientras que las mamás decían "¡Muchachito cállate la
boca!", y el alegre trío seguía por la acera con su
aire de váyanse todos ustedes muy al carajo. De pronto
un joven de cabeza rapada y esvásticas en los hombros
les dijo algo, los travestis al principio lo
ignoraron pero entonces el calvo saltó en medio de la
calle y reventó a pulmón pelado
"Malparidos, maricones, hijos de puta!"
Los homosexuales aguantaron
"¡Cochinos de mierda, asquerosas locas!"
Los travestis se miraron entre sí algo enojados
"¡Cacorros degenerados!
Finalmente el travesti alto no soportó más y
levantando las nalgas le contestó gritando
"¡Sí y tú te mueres por comerte este culo!"
Las carcajadas salieron de todos lados, el cabeza
rapada se quedó mudo, sorprendido y avergonzado, luego
su rostro y sus puños se inflaron y apretaron y por un
momento pareció que arrancaba y embestía a los homos
pero ese resultó ser una chanda de las que solamente
ladra y ya no dijo más nada. Los travestis se
metieron con sonrisa triunfal a la estación y yo
seguí caminando y riéndome sin acordarme lo cansado
que estaba.

 


Wilson García