Violín de una sola cuerda

Fernando A. Pérez


Tani es una mujer como la mayoría de las que uno conoce en la vida, muy mujer, se diferencia de muchas otras porque es negra, dominicana y prostituta. Sus horarios son esos que uno no puede definir sino por las llamadas telefónicas de su único cliente, si........por suerte para ella, un rico empresario del plástico la tomo por amante y la saco para siempre de los cabarets de la calle 25 de Mayo, aunque ese para siempre tenga sabor a final incierto.
El Sr. "No sé su nombre", parece que no duerme, siempre que paso por Belgrano, entre las calles José Hernández y Arcos o cabildo, o tal vez en cuba y juramento, el esta siempre con su violín de una ola cuerda, esperando la luz roja de los semáforos para lanzarse con su ochenta y algo, según a ojo de mal visor, a sonreír con su dentadura de amarillo incompleto, sus ojos de horizonte, a tocar no se que canción, siempre dije que debe saber tocar, porque la melodía es básicamente la misma.
Y estos son las dos personas, que todos los días, alrededor de las cuatro de la tarde se juntan en la plaza que esta al lado de la Iglesia dela redonda a tomar unos mates. Mientras él le saca el polvo a su cuerda ella ceba su mejor mate, luego paran un rato y charlan mucho, por lo que se ve nunca se cansan, se hacen compañía en sus más absolutas soledad y eso para quien sepa que es la soledad no es poco.


Él la ve a ella con ojos marineros, ojos de "no hay final", de pasado perdido, los mismo ojos que yo tenia la primera vez que fui al cine a ver una de ciencia ficción.
Ella lo ve a el con ojos de vida, de amante sin deseo sexual, lo mira sin edad, sin prejuicios ni prejuzgamientos, lo mira como si él fuera el único hombre en el mundo.


Cada vez que ella llega con el juego de mate que compro en Colonia diez años atrás, él corre más rápido que cualquier niño de ocho años a depositarse en los bancos con los bizcochos de grasa que compra con el trabajo de la mañana.
Mientras él corre a su encuentro ella levanta la mano en forma de bienvenida expresando su total alegría mientras una sonrisa azul cruza de oreja a oreja en su hermoso rostro.


Ella a menudo suele llorar con él............... solo con él y con nadie mas en este mundo, él es su psicólogo, su padre, su amigo, su hermano su novio, él es todo menos el empresario plástico.


Él suele reír solo con ella, con ganas, con muchas ganas y mucha sinceridad, tanta que se le aflojan los pocos dientes que aun le quedan, mientras los labios desaparecen en esa sonrisa de barba blanca e interminables arrugas.


Volviendo a su ceremonia, no se cuento tiempo durara esa mateada, calculo que dos horas como máximo, no mas, y en ese instante ninguno de los dos piensa en que va a comer esa noche, el vencimiento de la boleta de gas, la gente que se molesta con el cuándo él ataca con su violín a los autos parados por el semáforo, los hombres que la desean a ella sin contemplaciones, ellos están completamente solos jugando a ser lo que son, mientras nadie les exige lo contrario.


Una tarde de las tantas que los vieron juntos, él le dijo: "Tengo algo para vos" con esa cara que solo los hombres sabemos poner y que nos queda tan bien a los ojos femeninos. Saco su violín, y sorprendió a Tani, al ver que había agregado al mismo una cuerda mas, ahí nomás de su viejo gamulan saco un ramo de jazmines y se lo obsequio, a ella que muy cortésmente lo acepto haciendo una venia con su cabeza al mismo tiempo que decía gracias. NO es todo, continuo diciendo él, todavía había algo mas, saco un papelito en el que se podían leer algunas palabras no muy claramente, se puso sus anteojos de cristales rajados y pronuncio "mas profundo que el lugar más ingrato de este mundo esta tu nombre, más vigente que la peor noticia del diario esta tu nombre, mas allá de tu nombre estas tu, mi rosa negra, tu mi propio nombre, firma: Tu eterno apellido" y ahí nomás se lanzo a tocar como nunca toco ese instrumento tan simple, todas notas ejecutadas ala perfección, hermosos tiempos, y su rostro acompañando cada ida y vuelta de su brazo como una extensión mas de su expresión.
Y él termino la canción, sabiendo que ese era el momento más feliz que podía recordar, aunque sospecho que el ya lo sabia antes de poder hacerlo. Ella se levanto del asiento, aspiro las flores como nunca las había aspirado, dejo dos o tres lagrimas en ellas, corrió a abrazarlo como hacia tiempo no recordaba abrazar, sospecho que desde niña no lo hacia.
Se corto el tiempo, se inundo el espacio de azul, se fueron entrelazando una a una las caricias que ambos tenían guardadas hace mucho tiempo para alguien que brindara sinceridad y vaya que ellos se la brindaban, espontáneamente, subrepticiamente, con esa dosis justa de no saber donde se posara la mano y que crea el placer de sentirse querido.
Alguien de los dos dijo te amo, sospecho que fue la mujer, ella nunca lo pudo decir y esta era su oportunidad, también se escucho un te necesito, que no dudo fue de el y de su parte vacía, esa que se encontraba en la única cuerda de su violín, y si, lamentablemente para nosotros los que pasamos por Belgrano, ya no hay mas violines monocordes que escuchar, ya no están su sonrisa de historias, pero no se, me imagino como que aprendió a tocar una melodía mucho mas linda, mucho mas armoniosa que la que siempre escuchábamos sus asiduos fanáticos en cada esquina de un barrio que, intuyo esta feliz, en la ausencia mas hermosa de uno de sus hijos.

prosas, reflexiones y palabras del Fernando A. Pérez en mayor cantidad y frescura en el fichero WORD (42 KB) que a su criterio está si bajarlo o no.