|
MIÉRCOLES 27 DE DICIEMBRE DEL 2000
Hace mucho que no escribo, pero creo que es importante
dejar constancia de las cosas bonitas que vivimos.
El día 24 por la noche fue una noche mágica. Durante
muchos días fui explicando a Estel que vendría Papá Noel a traerle
regalos y sorpresas. Incluso compré un calendario de adviento para
hacerle presente, de alguna manera, el paso de los días.
Su actitud era como de indiferencia. A veces parecía que con su carita de no saber qué le explicaba me estuviera diciendo: "Ya vuelve esta loca a explicarme películas".
Mi padre también insistía sobre el tema, pero ella se mostraba impasible, no manifestaba ninguna alegría ni entusiasmo, sólo indiferencia. Estaba claro que no sabía de qué le estábamos hablando. Y es lógico. Ella no ha vivido nunca ninguna Navidad. Esta es la primera. Hasta ahora ha alucinado por todo: las luces de la calle, el árbol de Navidad que hemos montado en casa, los "Papás Noels" que ha visto por la calle, en la tele o en fotos, el Tió* de la escuela... y supongo que su capacidad de sorprenderse estaba colapsada. (* El "Tió" es una tradición catalana. El "Tió" es un tronco de madera al que los niños dan comida durante el tiempo previo a la Navidad. La noche de Navidad se le golpea con un palo a la vez que se le canta una canción y el Tió "caga" regalos. Antiguamente "cagaba" los dulces de Navidad, en la actualidad "caga" chucherías, juguetes...) El día 24 por la noche, después de cenar con el abuelo que acababa de llegar de viaje, nos dispusimos a ir a dormir. Antes de ir hacia la habitación le comenté a Estel que podríamos ponerle un poco de comida a Papá Noel. Ella, como siempre que le propongo cosas que supongo que no entiende, me dijo que si. Así pues, le pusimos la mesa. Fuimos a la cocina y quiso que le pusiéramos la rebanada de pan con tomate que había quedado de la cena. Después cogió el plato del embutido y una vez en la mesa me dijo: "més, més" (Más, más). "Te parece que le pongamos agua por si tiene sed?" Y le pusimos una jarra con agua y un vaso. Ella insistía: "Més, més". Cogimos una bandeja donde tenemos dulces de Navidad y los añadimos a la mesa. Ella continuaba: "Més, més". Por último le pusimos unos muñequitos que hicimos aquella misma tarde para adornar la mesa del día de Navidad. Son unos muñecos hechos con una mandarina y una nuez sujetados con un palillo, que completamos con un gorro hecho con un cucurucho de papel rojo, unas barbas de algodón y unos gomets a forma de botones. La mesa había quedado preciosa. Ella seguía insistiendo: "Més més", pero Papá Noel seguro que no se lo acabaría, porque aquella noche tendría mucho trabajo y no podía ni pararse mucho rato ni hartarse tanto. Cerramos las luces del árbol, las luces del comedor, nos lavamos los dientes y nos fuimos hacia la cama. Para esta noche le había preparado un cuento especial. Es el cuento de "Papá Noel" de Raymond Briggs. Lo encontré en un rincón de la escuela y me lo llevé a casa para que lo viera, precisamente, este día. Explica en viñetas todo lo que hace Papá Noel durante todo el día 24 y esta noche donde él tiene tanto trabajo. Yo le iba explicando poco a poco las cosas que aparecían, pero ella parecía que tenía prisa por llegar al final. Mucho me temo que no era por que tuviera prisa en dormirse, si no por que quería ver más cosas. La impaciencia típica de los niños, supongo. Cuando acabamos, cerramos la luz de la lamparilla y dejamos encendida la lámpara de las mariposas como cada noche mientras se duerme. Ella me cogió la mano y se acomodó bajo su cojín (o "cuxín" como ella dice). Para no perder la costumbre, se giró hacia mi y me dijo: "Canti, canti*". Y le canté las canciones de siempre: "Brilla brilla xic estel", "Demà serà un altre dia"... * Al principio yo le decía "Vols que et canti?" "¿Quieres que te cante?", por eso, cuando quiere que lo haga me dice "canti" Poco a poco dejó de tocar la ropa del cojín de esa manera tan particular que tiene, como si probara la calidad de tejido. Por fin se quedó dormida. Le retiré la mano poco a poco y salí de la habitación. Intenté no hacer ningún ruido y esperé un ratito para asegurarme que había entrado en su primer sueño, muy profundo por cierto. Durante la tarde había dejado la escalerilla al lado del armario para no hacer movidas, y el día que guardé los regalos dentro del armario bajo unos trapos intenté que no hubieran bolsas de aquellas que hacen tanto ruido. Eran las 10'30. Por arte de magia y por primera vez en mi vida, me estaba convirtiendo en Papá Noel. Con mucho cuidado de no hacer ruidos fui bajando del armario todos los juguetes y regalos. A medida que los llevaba al comedor los iba abriendo y colocándolos en el suelo bajo el árbol de Navidad: Un juego de café bien puestecito con su tetera, su jarrita para la leche, sus tacitas y sus cucharitas del mismo color dentro de cada una; el cubo con la fregona, un puzzle de mamás y bebés, un pianito de colorines... Quité todos los cartones e intenté que todo se viera, que no quedara nada escondido. Por último salió la caja de los "Pin y Pon". Se había de montar. Así que, paciencia. Me instalé bajo una luz, al lado del teléfono y me dispuse a convertir un montón de piezas troqueladas en una bonita casita. Este Papá Noel novato todavía tiene mucho que aprender, y el bonito juguete no estuvo listo hasta tres cuartos de hora más tarde. Coloqué también los cartelitos que identificaban para quien era el regalo, que por cierto, tuvo que imprimir mi padre porque yo ya no tenía tinta de color en mi impresora, y dármelos a escondidas. Casi casi ya estaba. Sólo hacía falta hinchar unos globos para darle un aire más mágico a todo. Este nuevo Papá Noel ya había acabado el trabajo por esta noche. De nuevo me convertía en la mamá de Estel. Fui a su habitación, la tapé, le di un beso y cerré la lámpara de las mariposas. |
![]() |
Lunes 25 de Diciembre del 2000
Estaba durmiendo, y de repente, oigo el medio llanto de Estel y que me llaman: "Mamá, mamá..." Abro los ojos, miro el despertador y veo que son las 8'12. Me levanto de un salto y me voy corriendo hacia su habitación. Bajo la barandilla de su cama y me siento a su lado. Nos decimos "buenos días", como cada mañana, cantando la canción "Bon dia dia". Después de los besitos y abrazos mañaneros, recuerdo, de repente, que hoy es Navidad y que Papá Noel seguro que se ha paseado por la casa. "¡Estel! ¿Vamos a ver si ha venido Papá Noel?". Y Estel se levanta más o menos rápida, animada, supongo, más por mi "excitación" que por que realmente sepa qué quiere decir esto de que Papá Noel ha venido. Quizás se pensaba que lo encontraríamos en el comedor comiéndose el pan con tomate.
|
| Nos dirigimos de la mano hacia el comedor,
que está medio a oscuras y nos plantificamos delante del árbol de
Navidad. Ella mira los globos que están por el suelo y de pronto se da
cuenta que hay un montón de cosas bajo el árbol. Levanto la persiana
mientras la animo, le aseguro que ha venido Papá Noel y le hago ver todas
las cosas que hay. Ella está quieta, con los ajos abiertos y la boca haciéndole
conjunto. Se ha quedado como de piedra, no se mueve. Se gira hacia mi y me
mira con ojos de sorpresa como preguntándome qué es todo aquello.
Al girarse, ve la mesa que habíamos preparado para Papá Noel y me dice:
"Mira, mira..." Se acerca a la mesa y se queda sorprendida
viendo que aquello no estaba como lo habíamos dejado la noche anterior.
Papá Noel se ha comido el pan con tomate, el embutido, un montón de
polvorones y uno de los muñequitos. Tampoco hay agua en la jarra.
Después de repasar la mesa, la cojo de la mano y la llevo de nuevo bajo el árbol. Sigue mirando la "exposición" de juguetes, pero sigue sin atreverse a tocar nada. Me la miro y empiezan a venir a mi mente un montón de preguntas de las cuales nunca sabré la respuesta: Qué estás pensando? Qué estás sintiendo? Qué pasa por tu cabeza? No entiendes nada, verdad? Y siento que la quiero, que la quiero por encima de todo y más que nada en el mundo. Y doy gracias a la vida, a Dios y a todos los que han hecho posible que Estel esté conmigo. Y me duele no poder darle todo, me entristece no haberle podido comprar más cosas, no poder ofrecerle la mejor vida del mundo. Pero es lo que hay, y darle todo tampoco sería bueno para ella. Pero está claro que lo que si tiene y tendrá es todo, todo, todo mi amor. Lo mira todo con extrañeza. Eso no cuadra. Me siento en el suelo y le enseño los cartelitos que pone "Estel". Le digo: "Esto es para ti!" Y le hago ver que también hay regalos para el abuelo, sus tíos, su primo y su mamá. Empiezo a toquetear cosas. Ella se agacha a mi lado y coge la tetera. Aprovecho el momento para llamar a mi padre y decirle que suba. En un momento ya está aquí, y Estel, con su carita de no entender nada, le coge la mano a mi padre, lo acerca al árbol y le dice "Mira, mira..." Empieza a animarse, va tocando las cosas, pero parece que, aunque las mira, no las ve. Está como desconcertada. Cojo un paquete que pone "Avi" (abuelo) y hago que se lo de. El abuelo abre el paquete, pero justo cuando lo está desenvolviendo, ella se gira hacia los juguetes y los empieza a coger. Después del juego de te, lo que ve es el mocho y el cubo. Los coge y se pone a fregar. Ahora ya pasa a la fase de que le faltan manos, tiempo y espacio para tocar, mirar y cogerlo todo. El rato de "desmadre" va pasando y se centra más, pero... todavía no ha visto la casa de los "Pin y Pon". La cojo y la pongo sobre la mesa. Hay bebés y mamás (su tema preferido). |
| Poco a poco lo revuelve todo y parece que ya vuelve a
"conectar" con la realidad. Poco a poco ser va mostrando más
contenta y entusiasta.
El abuelo le dice que en su casa Papá Noel también ha dejado algunas cosas. La invita a bajar, y ella, toda animada le dice "Nem, nem" (Vamos, vamos). Bajamos. Sobre el sofá hay dos cajas: En una pone "Estel", el la otra "Pol". Estel se queda mirando las cajas, o quizás miraba los dibujitos del papel de envolver. Mi padre la anima a abrirlo. El papel se le resiste, o quizás es la cinta adhesiva. Por fin lo desenvuelve: "¡Las tres mellizas!" Da un pequeño grito de alegría e intenta romper la caja para cogerlas. La ayudo y, mientras tanto, ella espera con paciencia que desenganche las tres muñequitas, el peine, el espejito, la ropita y los pequeños accesorios. Se lo voy dando poco a poco y ella lo va cogiendo y lo va clasificando. Cada vez que le doy una cosa le digo el nombre: "Mira la Teresa", y ella repite: "Tesa"; "L'Helena", "Lena"; "L'Anna", "l'Anna", "el mirall" (el espejo), "iall"... |
| Cuando ya lo tiene todo, las viste y las
peina, y me enseña los lacitos que llevan, los zapatos...
Hacemos una pausa para desayunar y para vestirnos. El desayuno es más o menos un fracaso, y a la hora de vestirla me quedo alucinada: Ha consentido ponerse una falda con leotardos. (Seguro que no se da demasiada cuenta, tiene la cabeza demasiado llena de juguetes). Más tarde vienen los tíos y su primo. El encuentro de los dos niños es espectacular. Él grita: "Tel, Tel" y ella dice "Pol, Pol". Se abrazan y se dan un montón de besitos. Mientras siguen las muestras de cariño, los tíos colocan los regalos en casa mientras esperamos en casa del abuelo y aprovechamos para acabar de hacer la comida. Cuando todo está a punto, subimos para ver qué ha traído Papá Noel en casa de los tíos. Como es costumbre en la familia, intentamos ponernos en fila por edades para entrar al comedor a ver los regalos, pero es muy difícil con dos niños de 1 y 2 años que tienen prisa por tocar lo que ya están viendo desde la otra punta del pasillo, así que el abuelo los coge de la mano y entran. Lo primero, y creo que la única cosa que ven es un tractor-bicicleta que le han traído a Pol. Los dos se tiran encima y se pelean para subir-se. Intento desviar la atención de Estel enseñándole un montón de paquetes donde está su nombre. Los niños aprenden rápido, y Estel ya se ha dado cuenta que ahora es cuestión de abrir paquetes y ver qué sorpresas guardan dentro. Empieza a desenvolver: Huevos de chocolate, unos leotardos rojos con ovejitas blancas, un sol enorme con un espejo, una bolsa redonda azul, la abre, saca lo que hay dentro y... ¡Oh! ¡Sorpresa! ¡Está apareciendo una casita de verdad! El tractor ya no tiene valor y los dos pitufos se meten dentro de la casita. Es imposible describir los gritos y risas de dos niños entusiasmados por una cosa. Entran, salen, saltan, se estiran, se revuelcan... Están tan alterados que en varias ocasiones están a punto de volcar la casita. Una vez que los niños han abierto sus regalos lo hacemos los mayores, y ahora si, seguimos el orden del que tenemos costumbre. Poco a poco vamos viéndolo todo, y digo poco a poco porque las interrupciones por los juegos, risas y peleas de los niñas es constante. Pero hay una sorpresa para todos que no nos esperamos, y es que Pol, en agosto si todo marcha bien, tendrá un hermanito. Así nos lo anuncian sus padres. ¡Otro niño! Esto me hace recordar la Navidad pasada cuando todos esperábamos a Estel. Hoy el hermanito de Pol no ha tenido regalos, pero el año pasado, Estel (que justo hace un año era "Mariona" y que ese mismo día pasó a llamarse "Estel") ya tuvo sus primeros regalos. Recuerdo la casa llena de copias de su foto, su única foto que tenía y que regalé a cada uno de ellos como el mejor y el más valioso de los regalos. El día continuó con la comida. Estel y Pol se hicieron un hartón de comer, y como está establecido, su siesta fue sagrada. Pol durmió en la cama de mi padre y yo me fui con Estel a casa para que durmiera en su cama. Algún tío también echó alguna cabezadita. Mientras dormían aproveché para conectarme (esto también es una costumbre que he adquirido en estos últimos tiempos). Leí la correspondencia, escribí un mensaje y al cabo de poco rato llamaron a la puerta. Pol ya se había despertado y quería jugar con "Tel", pero "Tel" seguía dormida, por lo que de momento se tuvo que conformar con jugar con su madre y dos de sus tías. Pero el juego con estas compañeras duró poco ya que Estel se despertó con el ruido que hacíamos. Le costó acabar de despertarse pero al final se animó y... volvieron a la casita. Cuando los tíos "dormilones" también acabaron su "trabajo" nos volvimos a reunir todos para "hacer cagar al Tió". Pol había bajado el suyo de casa para que también la "cagara" algo a Estel, y así fue. Colocamos el Tió en medio del comedor, tapado con su mantita para que no tuviera frío y todos, haciendo broma, decíamos que ya notábamos algún olor extraño. Desmontamos el palo del mocho y de la escoba de jugar improvisando unos palos para poder pegar al Tió a la de tres. Les hicimos cantar la canción de "Caga Tió". El Tió no había cagado nada, pero es que no cantaban demasiado ni pegaban con demasiada fuerza, así que se había de repetir. Una, dos y tres: "Caga Tió, caga torrons, d'avellana o de pinyons, si no vols cagar Tió, Cop de bastó!" (Caga Tió, caga turrones de avellanas o de piñones, si no quieres cagar Tió, ¡golpe de bastón!) Ahora tampoco no había cagado nada. Lo habían de hacer todo más fuerte. Les propuse ir a beber un poco de agua para aclarar la voz y coger fuerzas. Al volver, repetimos la operación y mientras todos cantábamos, ellos pegaban al Tió. Haciendo toda la comedia que me era posible, me acerqué a ellos y muy despacio fui levantando la mantita que tapaba al Tió y... ¡Oh! ¡Sorpresa! Había cagado dos paquetes, uno con el nombre de Pol y otro con el nombre de Estel: Eran dos libros preciosos. Los estuvimos mirando, pero enseguida perdieron el interés para ir a jugar, de nuevo, con su casita. La tarde pasó entre juegos, risas, canciones, cuentos... hasta la hora del baño. Vaya cachondeo montaron en la bañera. Se tiraron agua mutuamente, bañaron al bebé, hicimos pompas de jabón... ahora a ponerse el pijama. Como que los tíos estaban de palique, no habían subido la bolsa de Pol, y le tuvimos que dejar un pijama que a Estel ya le viene pequeño, un pañal (de los que quedaron cuando Estel todavía llevaba) y unas zapatillas. Cuando estuvieron arregladitos y con el pijama puesto, bajamos a cenar a casa del abuelo: Primero Pol y Estel, luego los mayores. Pol se fue a dormir temprano y se quedó frito al momento. Cuando acabamos de cenar los mayores subimos con Estel a dormir, ya eran las 11 de la noche. Era un día especial. Pol y sus papás dormían en casa del abuelo, y Xavi y Meritxell en nuestra casa, en la cama de mamá. Mientras los tíos subían el colchón y lo colocaban en el comedor para que durmiera mamá, Estel se puso en su cama. Dijimos "Buenas noches" a todos y empezó el ritual, esta noche sin cuento, por que ya era muy tarde. Estel volvió a ponerse el cojín encima, me cogió la mano y me dijo: "Canti, canti". Y así estuvimos mucho, mucho, mucho rato. Parecía que en lugar de ir cogiendo el sueño, éste se alejara cada vez más de ella. Mientras le cantaba se me iban cerrando los ojos, pero intentaba no dormirme. Cada vez que la miraba me la encontraba con los ojos abiertos mirando a todos los sitios. Oí que cerraban la puerta de una habitación. Supongo que mi hermano ya estaba harto de oírme cantar o seguramente, no los dejaba dormir. Estel no me dejaba la mano y apoyé la cabeza en la barandilla de la cama, agotada, esperando que le viniera el sueño. Pero era inútil. Las emociones de día se estarían procesando en su cabecita y ya no tenía capacidad de desconectar por si sola para dormir. Delante de mi agotamiento y viendo que ya era la 1 de la madrugada decidí llevarla a dormir conmigo en el comedor. Coloqué un par de cojines del sofá en el suelo, al lado del colchón, la puse encima, la tapé, cerré las luces y le dije: "Bona nit" (Buenas noches) Sé seguro que yo me dormí antes que ella, porque no dejó de dar vueltas, cogerme la cara y revolver la manta. Han sido muchas emociones en un sólo día, muchas cosas para digerir y para entender. Es posible que ella no recuerde muchos detalles, incluso es posible que con el tiempo no recuerde ni este día, por este motivo he querido escribir esto, para que cuando sea mayor sepa qué pasó en esta su PRIMERA NAVIDAD. |