Integración II

Cuando lloraba, reía o saltaba, tenía asma. A las dos semanas de nuestra llegada, cuando ya estaba un poco recuperada, visitamos al pediatra para que iniciara su calendario de vacunas. Le hizo una revisión general y la encontró bien, con un perfecto estado nutricional. No dio importancia al asma, anunció que deberíamos operarla de vegetaciones y dijo que los eccemas se le acabarían de resolver con la higiene que venía haciendo y una dieta equilibrada.

 

 

3. La escuela

 

Dos meses más tarde, comenzó a asistir a la escuela. La incorporación fue poco a poco. El primer día me quedé con ella, hicimos juntas un trabajo y fuimos conociendo a los demás niños. El segundo día, permaneció dos horas, el tercero toda la mañana, el cuarto la recogí para que comiera conmigo y regresó por la tarde, el quinto ya se quedó a comer. Una semana más tarde ya iba a gusto toda la jornada completa. Algún día tuve que dejarla llorando, con todo mi corazón encogido.

 

Al cabo de dos semanas, había perdido 1 Kg. de peso y seguía perdiendo. Su tutora montó guardia para asegurarse de que comía. En casa, me aseguraba de que se alimentara correctamente. Hizo un par de febradas, respiraba peor y hacía unos ruidos rarísimos por la nariz. Volvían sus problemas de piel. Iba estreñida, aunque había bastante residuo en su dieta. Sus deposiciones eran algo raras. Así es que empecé a controlarla de cerca. Un amigo médico se aventuró a diagnosticarle un problema de mala absorción intestinal. Me habló, además, de un posible déficit importante de vitamina A porqué su organismo no estaba acostumbrado a recibir la mayoría de nutrientes y no estaba preparado para digerirlos correctamente y poderlos aprovechar, a parte de la dificultad de la niña en comer cosas tan raras para ella.

 

Quizás su problema no era único. Estaba en pleno proceso de integración y todo repercutía en todo. El cariño, las atenciones, la alimentación... y toda la buena voluntad del mundo no eran suficientes. Mi niña perdía peso, se volvía a descamar y sus mejillas estaban estropajosas. Comía, por autodisciplina, una dieta rica y variada. Cada día respiraba peor y estaba ojerosa. Empecé a sentirme impotente y ansiosa. Pedí una visita al pediatra pero no tuvimos tiempo de esperarla. No tardé en descubrir la clave.

 

 

4. Hallazgo

 

He consultado tanta bibliografía sobre parásitos intestinales humanos y he comentado el tema con tantos entendidos que ya casi lo domino. Haré una síntesis muy resumida de lo más importante. En la mayoría de casos, la forma de diagnosticar la infestación es por inspección ocular de las heces. La clínica es algo ambigua y tiende a desorientar. Por ejemplo, la mayoría de gusanos producen diarrea al huésped. Mi hija padecía de estreñimiento. Las especies grandes pueden formar nudos que obstruyan el intestino, pudiendo llegar a producir una oclusión total, cosa que pone en grave peligro la vida del niño. En una deposición, le encontré dos lombrices de unos 10-15 cm.

 

La mayoría migran desde/hacia el pulmón. Este desplazamiento ocasiona dificultad respiratoria, ataques de tos y asma, además de reacciones alérgicas, urticaria y eccemas en la piel. Los áscaris, una de las especies de mayor tamaño, debutan con producción de urticaria generalizada.  Algunos parásitos pasan desapercibidos y se limitan a producir malabsorción de los principales nutrientes o absorben ellos el hierro y la vitamina B, produciendo anemia, falta de apetito, déficits nutricionales y debilidad.

 

Hay tratamientos fáciles de administrar y casi inocuos para los niños infestados. Pero hay algunas especies menos frecuentes que exigen tratamientos tóxicos y no ofrecen un 100 % de garantías.

 

Mi hija ha seguido dos tratamientos y la hemos sometido a pruebas y análisis para comprobar que está limpia de parásitos. Está recuperando el apetito pero conserva algo de anemia ferropénica y problemas de malabsorción. Habrá que mantener la guardia para que su alimentación sea rica en nutrientes y controlar posibles rebrotes de indeseables "ocupas". Hemos contactado con un Servicio de Gastroenterología infantil donde estudian la posibilidad de que mi querida niña esté infestada por la Tenia. El Jefe del equipo ha buscado el tratamiento en Internet y me ha tranquilizado porqué, si se confirmara, en el extranjero hay tratamientos efectivos que podríamos conseguir en unos meses.

 

 

5. La leche

 

Después de comprobar su tolerancia a la lactosa y ante su rechazo total de lácteos visibles y camuflados, me resistí a renunciar a un alimento tan importante. Aproveché la buena predisposición de la abuelita, excelente cocinera y enamorada de su nieta. Le preparó todo tipo de postres lácteos e inventó mil recursos para añadir leche a cualquier plato. Casi siempre la detectó la niña, rechazando probarlo. Incluso el chocolate con leche.

 

Inventamos cuentos sobre niños que no crecían y que enfermaban por no tomar leche, la quisimos incentivar para que aceptara probar algún postre lácteo, la soborné, amenacé, reté, desafié... Mantuvo su postura sin querer entrar para nada en la cuestión.

No recuerdo a partir de qué momento, pero coincidió con su cambio de rechazo por apego a las muñecas, ESPONTÁNEAMENTE, empezó a consumir yoghurt, flan, cacaolat... Un sabio médico anciano, amigo de la familia, sonrió cuando se lo expliqué y me hizo el comentario: "El único vínculo inconsciente que la ataba al recuerdo de su madre era la leche que mamó de ella durante los nueve días que tardó en apartarla de su lado y debió vivir mucha tensión en aquella breve lactancia".

Efectivamente, si es cierta la historia que el orfanato me contó, la niña fue abandonada a los nueve días de nacer.

 

La primera fase infantil es la oral. Sus sentidos están poco desarrollados y el primero en funcionar es el gusto. Por esto los recién nacidos se llevan todo a la boca, es su forma de reconocer e identificar objetos y el pecho de la madre es su primer contacto social. Es su primer contacto exterior con la persona de la cual dependen más y esperan todo. Tiene un poco de sentido que, si se cortó este vínculo, si la niña se llegó a sentir rechazada por su madre, el sabor y olor de la leche le llegue asociado con la vivencia más dramática y negativa de su corta vida.

 

Ella no sabe nada de esto, no lo puede racionalizar, pero el inconsciente pone en marcha extraños mecanismos de autodefensa.

 

Voy a compensar todo el daño que le han hecho. Lucharé a su lado para que alcance la felicidad que le pertenece, no sé si tendrá capacidad de quererme... pero sé, positivamente, que LA QUIERO.

 

 

6. Su nombre

 

A sus casi tres años, mi hija sabía que se llamaba Youxiang. Nuestro nombre es la palabra que más gratificante nos resulta porqué fue la primera que escuchamos de labios de quienes más nos han querido. Pensé que tenía derecho a conservarlo, aunque para ella tuviera otras connotaciones. A ella se lo pusieron en el orfanato y quien sabe los recuerdos que le traería. De todas formas, para que fuera "el suyo", deberíamos aprender la fonética exacta, con toda la musicalidad y tono propios de la lengua china (nada fácil). Si yo llegaba a conseguirlo, debería dedicarme a hacer cursillos a todos aquellos que la nombraran en el futuro. ¿Se acordarían?.

 

Quise escuchar cómo lo pronunciaban en el orfanato: "Yushan", más o menos. Ella misma me enseñó, corrigiéndome hasta que llegué a dominarlo.

 

Al llegar, recibimos críticas y abucheos de todo tipo. Los más voluntariosos lo intentaban pero ni se le parecía y había que entrenarlos demasiado. Para que la niña no notara el cambio, me brindé a hacer de puente. Durante un tiempo, la seguí llamando "Yushan" pero anteponiendo "Aïna", el nombre con el que todo el mundo la llamaba. Así descubrió que ambos nombres se referían a la misma persona. Se ve que le gustó el nuevo porqué ella misma lo daba cuando se lo preguntaban, sin el antiguo pegado.

 

En estos momentos, ha olvidado todos los vocablos chinos que había aprendido y tampoco recuerda su nombre. Un día la volví a llamar "Yushan" y se rió como si yo hubiera dicho una palabra incorrecta. Intentó pronunciarlo interrogativamente como para que le explicara su significado, pero ni siquiera lo supo hacer.

 

Sé que aún es todo muy reciente y no ha llegado a tener una estabilidad emocional. Más adelante podremos hablar de todas estas cosas, de su pasado, sus orígenes, hacernos preguntas y sacar hipotéticas conclusiones. Esperaré que ella tome la iniciativa y la seguiré, brindándole todo mi apoyo.

 

La Administración catalana me había obstaculizado muchísimo el proyecto de adoptar una niña china después de ver el documental sobre "las habitaciones de la muerte". Quizás les aturdió la avalancha de solicitudes de información y no estaban preparados para atender a tanto personal, correctamente.

Pero yo creía que una niña podía beneficiarse de todo aquello que yo estaba en disposición de brindarle y no era justo hacerla esperar. Por esto adopté una actitud crítica, totalmente contraproducente porqué hizo que me analizaran exhaustivamente en busca de algún motivo que justificara la denegación de mi certificado de idoneidad.

 

Debí ser una de las primeras personas solteras que cursaron la solicitud y ellos emprendieron la búsqueda por este camino. Sin duda, era la primera soltera sin apoyo ni aprobación familiar. Mis allegados estaban, aún, demasiado impresionados por las imágenes del documental y sentían pánico ante la posibilidad de que me pudiera ser asignada una niña con graves deficiencias que la convirtieran en una inválida totalmente irrecuperable. De ningún modo podían dar soporte a la idea descabellada de convertirme en la única responsable de una criatura en semejante estado, con mis recursos limitados.

En vez de dar rodeos que les despistaran o camuflar la realidad, creí que, a la larga, sería mejor para otros que mantuviera mi postura e hiciera reconocer unos derechos que, en teoría, teníamos por ley. Fue un camino arduo y difícil. Parecía la batalla de David contra Goliath y no creo que yo sola lo hubiera conseguido. Sin embargo, ante los ojos de la Administración, no parecían servir de mucho los apoyos incondicionales de mis amigos que garantizaron hacerse cargo de mi hija en caso de que yo fracasara. Era lanzarse de cabeza contra un muro de hormigón y yo ya empezaba a flaquear.

Quizás hubiera lanzado la toalla si no se hubiera producido la mágica aparición de Ana, una desconocida que creyó en mi y me animó a confiar en la justicia o, al menos, en la humanidad de algún juez, dando un voto de confianza al azar.

...Y ¡funcionó!. Un tribunal reconoció el error y designó un equipo de profesionales más competentes que hicieran una nueva valoración de mis circunstancias. Ana me había dicho: "aquella niña no tiene ninguna culpa de nada y sí todo el derecho del mundo a tener una madre y un hogar. Sé consecuente y no te des nunca por vencida". Os aseguro que mereció la pena seguir su consejo. Si tuviera alguna duda se me disiparía cuando veo a mi hija saltando de felicidad.

Nadie mejor que Ana merecía que la niña llevara su nombre. Pero, como yo quería integrar en la familia a aquella mujer mágica y no me gusta que se repitan los nombres sino que cada cual posea el suyo propio, decidí ponérselo en otro idioma o dialecto y escogí el mallorquín por vecindad: Aina, hasta que un filólogo mallorquín me corrigió en presencia de mi padre. Nos dijo que, en mallorquín clásico era Aïna (con diéresis -y pronúnciese Aína-), que había existido una reina con este nombre, etc., pero que la comodidad, los problemas tipográficos y demás, habían hecho que fuera degenerando hasta perder la diéresis.

 Yo ya había aceptado que la niña se llamara Aina, pero a mi padre no le gustaba la fonética y ya estaba dolido por haber tenido que renunciar a que se llamara "Rosó". Como gesto de conciliación familiar con mi deseo de homenajear a Ana y el principio de que las personas han de tener nombre propio que las identifique entre el resto, accedí a darle un nombre quizás único o, al menos, raro: AÏNA.

Con este discurso respondo a cuantos se extrañan de la originalidad del nombre. Quizás sea un poco rebuscado pero vino así, no lo premeditamos, y ya nos va bien, casi no necesita apellidos.

De ellos hablaré en el próximo capítulo porqué también apareció una pregunta al respecto: la filiación de los hijos de madre soltera.

7. Hija de madre soltera

Según la ley, cuando el reconocimiento de un hijo (sea biológico o adoptado) es monoparental, recibe los dos apellidos del único progenitor en el orden que éste elija. Esto ha sido así desde hace décadas y no se ha modificado en los últimos cambios. No se ha de hacer nada especial, simplemente la solicitud de registro con el orden elegido.

Bien informada al respecto y como respuesta a todos aquellos que habían dudado de mi capacidad de responsabilizarme sola de esta niña que podía llegar con problemas añadidos, decidí solidarizarme con aquellas madres solteras de la dictadura española, que tuvieron que luchar solas para levantar a sus retoños con toda la sociedad en contra y avergonzarse de ello por ser consideradas "mujeres de mala vida". Estas señoras eran rechazadas socialmente, incluso por sus propias familias, y sus hijos, marginados.

Para pasar un poco desapercibidas y, sobretodo, para evitar la vergüenza a los niños, les ponían sus propios apellidos, invertidos.

Me haría ilusión conseguir que mi hija pudiera llegar a exhibir con orgullo, algún día, su título de "hija de madre soltera". Y, es que, además, creo que todos estamos un poco en deuda con todas las madres que siempre se han quedado a la cola en el orden de nuestros apellidos.

De manera que pasé a los chinos los datos de filiación de Aïna con mis apellidos invertidos. Cuando acudí al registro de Changsha me tenían los documentos preparados con todos los datos correctos. Los notarios también se esmeraron en escribir nuestros nombres y apellidos correctamente. Así también le hicieron el pasaporte chino y con la misma corrección hizo la Embajada Española su pasaporte español, después de que yo rellenara la solicitud de registro a través del Consulado.

 Dos meses mas tarde, cuando debía haberme llegado el libro de familia, me llamó Ascensión (antecesora de Ana Mosquera) para advertirme de que mi libro estaba sufriendo un retraso porqué habían detectado un error en el orden de los apellidos, cometido por los chinos, que el Sr. Cónsul ya había rectificado.

 No sirvieron de nada mis explicaciones ni quejas. Ascensión me aconsejó que, al recibirlo, solicitara el cambio de orden. Me llegó el libro de familia otro mes más tarde con los apellidos de la niña en el mismo orden que los llevo yo. Aquí, ya estaba empadronada, dada de alta en la S.S., vacunada, matriculada en la escuela, etc. en el orden invertido que yo eligiera.

 Gracias a la competencia y buena predisposición de los funcionarios del Registro Civil de Barcelona, se ha podido subsanar la equivocación con bastante celeridad (en cinco meses) pero, si hubiera seguido los consejos que me dio Ascensión, el proceso podía haber tardado dos o tres años. A las nuevas familias que me preguntan por los problemas que pone el gobierno chino, les respondo que los problemas los pone la Administración de nuestro país "civilizado". Sé que hay sus "espías" o informadores en nuestra lista pero me remito a los hechos y no invento nada.

(Aïna ya sabe escribir su nombre)

En la escuela donde Aïna ha hecho P3, ignoro si en todas, como los niños aún no saben leer, marcan su silla, su colgador, sus cosas, con una foto del niño encima del nombre. Al final de curso, el niño ya sabe leer su nombre porqué lo ha visto infinidad de veces asociado a su imagen. Aïna empezó a ir a la escuela a finales de noviembre. En Enero ya lo garabateaba por todas partes. Al menos, la diéresis. Pero lo más curioso era que había aprendido las iniciales de todos sus compañeros, dando a la letra el nombre del compañero. De manera que:

 

la M no es la "eme", sino la "Mar"

La X es la "Xenia"

la J es la "Jordi"

la E es la "Elena"

la O es la "Oriol"

Es una niña muy receptiva, cualidad que le permite aprender todo con rapidez (lo bueno y lo malo). Si no fuera así, pensaría que es hiperactiva porqué reúne casi todas las características de este trastorno. Algunos adoptantes veteranos ya me habían advertido: "son niñas muy movidas", "son listísimas", "algo rebeldes...", "inquietas", etc. Fueron prudentes y comedidos.

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