En Busca de Ainna Li

Hola amigos:

Somos Josep y Adelina. Vivimos en Seva, un pueblecito  de la provincia de Barcelona.

Pronto va a hacer 15 años que estamos casados y desde el segundo año, que deseábamos ser papás. Así que nuestro viaje a China, empezó sin saberlo, ya hace mucho tiempo......., pero eso ya no importa.

 

Empezamos la aventura de nuestra vida en julio del 99, cuando asistimos a la primera reunión informativa.

Todos nuestros miedos de si seriamos o no idóneos, se disiparon  el día de los Santos Inocentes, 28 de diciembre del mismo año, “¿sería una broma?”.

El 18 de enero del 2000, después de unas semanas de infarto, por fin salía nuestro expediente hacia China. La sensación que  queda después de entregar el expediente al chico de la agencia de mensajería, es inexplicable, un vacío.......

 

Nuestro expediente entró en el CCAA el 2 de febrero del 2000, esperábamos asignación para principios de septiembre.

Recibimos la noticia de que ya éramos papás el 18 de diciembre del 2000. Ni que decir tiene, que fueron tres meses y medio larguiiiiiiiisimos!!!.

 

El 18 de diciembre, hacia las 9’45 de la mañana, recibí una llamada de teléfono, era nuestra abuela preferida Ana Kay, que me llamaba para felicitarme por la asignación. Me quedé de piedra, ¿qué asignación? , yo no sabia nada.

Me dijo que alguien había llamado a la Embajada Española en Pekín y les habían dicho que ya tenían las asignaciones en su oficina, y que si queríamos  saber detalles sobre l@s niñ@s,  teníamos que llamar antes de las 10 de la mañana.

Después de no sé cuantos intentos fallidos, porque siempre comunicaban, por fin conseguí hablar con Marisol, me dijo que éramos los papás de una preciosa niña de 13 meses, llamada Li Xinru “que le gustan las flores”.

Los sentimientos que nos embargaron en ese día, son indescriptibles, pero nada comparables a los que sentimos al día siguiente, cuando vimos aparecer su carita en la pantalla del ordenador.         

 

El vuelo hasta Pekín, con escala en París, estuvo bien. Nuestros asientos eran en primera fila y teníamos uno vacío, con lo cual el vuelo resultó bastante cómodo. Además, contábamos con una preciosa animadora de viaje casi en exclusiva para nosotros dos, que nos amenizó el viaje. Gracias Leyre.

Llegábamos a Pekín a las nueve de la mañana del día 10 de enero. Nuestro vuelo de enlace hacia Wuhan, no salió hasta casi las 7 de la tarde. Podéis imaginar lo duras que fueron esas horas.

Lleguemos al hotel de Wuhan hacia las 9’30 de la noche. Nos habían dicho que a las niñas nos las entregarían al día siguiente hacia las 9-10h de la mañana. Teníamos muchas ganas ya de encontrarnos con nuestro angelito, pero agradecimos enormemente, que no nos la entregaran hasta el día siguiente. No estábamos en condiciones físicas ni psíquicas  para atenderla como se merecía.

Habíamos quedado para el día siguiente, en la tercera planta del hotel. Allí había una sala de reuniones y era en donde nos entregarían a las niñas.

El cansancio acumulado, nos permitió dormir toda la noche de un tirón. Nos levantemos a las 7’30, para bajar a desayunar y hacer unas fotocopias de los pasaportes, que nos pedían los guías para comenzar los tramites.

Eran las 8h y estábamos desayunando, cuando alguien del grupo entro en el comedor y empezaron a decir, que había una furgoneta en la puerta del hotel, con niñas dentro. Eso encendió la chispa. La emoción y los nervios, estaban a flor de piel. Apenas comimos nada, teníamos un nudo en la garganta.

A los pocos minutos, alguien más dijo que había visto a unas niñas en los lavabos del hotel, que les estaban cambiando los pañales y que iban vestidas todas, con el mismo trajecito. Cuando fuimos nosotros, ya no estaban. ¿Habían vuelto a la furgoneta?. Todavía era muy pronto.

La verdad es que no pudimos quedarnos a esperar en el comedor, estábamos ansiosos de conocer y abrazar a nuestra princesita.

 No recuerdo la hora exacta, pero sé que era antes de la hora prevista cuando varias parejas, empezamos a subir hacia la tercera planta. Queríamos estar allí cuando entrara nuestra niña por la puerta.

Se abrió la puerta del ascensor, unos cuatro metros, separaban el ascensor de la entrada de la sala de reuniones. La puerta de la sala, estaba abierta.

Justo en la entrada de la sala, apoyada en el marco, había una señora con una niña en los brazos, la niña llevaba una chaqueta de color rosa. Ya habían subido otros  compañeros del grupo, algunos estaban  alrededor de la niña y otros, dentro de la sala con otras niñas.

Al acercarnos, alguien nos dijo, refiriéndose a la que había en la entrada: esta es la vuestra, ¿no?. No sabíamos que decir, la mirábamos, mientras le acariciábamos la mano. Esos ojos, esa nariz, esa boca....... era ella, pero estaba....  tan guapa!!!!!.

En la primera foto que nos habían enviado de ella, se veía tan delgadita, tan indefensa. Habíamos leído en algunos correos, experiencias de otros padres, comentaban que a veces, estaban aun más delgadas que en la foto de la asignación.

 

La niña, en brazos de su cuidadora, se dejaba hacer. Sonreía tímidamente y no nos quitaba el ojo de encima.

Casi al unísono, los dos le preguntemos a la cuidadora: “¿Li Xinru?”. Ella nos preguntó ¿papá, mamá Li Xinru?. Decíamos.... yes, yes y asentíamos con la cabeza.

La cuidadora, empezó a hablarle en chino a la niña, evidentemente no entendíamos nada de nada, pero entre tanta palabra dulce que le decía a la niña, repetía papá, mamá.

Nos temblaba todo el cuerpo, no sabíamos que hacer, si cogerla, si seguir acariciándola...

Josep dio el primer paso, la niña no dejaba de mirarle en todo momento. El, le extendió sus brazos a la niña, pero ella se giró y se abrazaba con fuerza al cuello de su cuidadora. Enseguida se volvió para seguir mirándole y Josep lo intentó de nuevo, nada, la niña se giraba, pero enseguida volvía a mirarle con una sonrisa picarona. Creo que ya estaba jugando con él.

Le di a Josep un pequeño piano verde, con forma de perrito que me había dejado una amiga, para Ainna. Empezó a hacerlo sonar y de nuevo le alargó los brazos hacia la niña. 

Esta vez, sí.  Ainna, le extendió también sus brazos, bueno, literalmente, se le echo encima de Josep. Durante unos segundos jugó y bailó con la música del pianito, pero luego pasó de el, y empezó a jugar con su padre. Le  cogía  la nariz, le tocaba la cabeza...“sin pelo”.  Durante un buen rato, examinó centímetro a centímetro la cara y las manos de su padre. La niña no paraba de reír, y ya le llamaba papá.

La señora que había sido su cuidadora durante tanto tiempo, la miraba sonriente. Y yo no podía creer lo que estaba viendo.

 Ahora llegaba mi turno, yo también quería abrazarla y besarla. Le extendí mis brazos para cogerla, pero me rechazó. Ainna, no estaba dispuesta a dejar de jugar con aquel señor que tanto le hacia reír.

 Duró poco, Josep y Ainna se sentaron el suelo a jugar con los globos que habían, y yo me senté a su lado. Entonces empezamos los tres a jugar. A los pocos minutos, ya me llamaba mamá.

 Le pedimos a nuestro guía Jaime, si podíamos subir a  la habitación a dar un biberón a la niña y cambiarla de ropa. Este dijo que si, después de consultarlo con su cuidadora y nos dijo que podíamos quedarnos con la ropita que llevaba la niña.

 Ainna estaba alucinada con todo lo que veía, no paraba de hablar y recorría la habitación con dificultad debido a la cantidad de capas de ropa que llevaba encima.

Le dimos su biberón, que engulló en un momento y le cambiemos de ropa y pañal.

 Estaba perfecta, solo tenia un leve resfriado y la carita quemada por el frío. La habían lavado, y cortado las uñas. También nos dijeron que el traje que llevaba de chaqueta y pantalón de anorac, lo habían comprado unos días antes para ellas. Las niñas que vinieron del mismo orfanato, iban vestidas iguales.

Enseguida nos llamaron a la habitación para que bajásemos a empezar con los papeles. El resto de niñas que tenían que llegar de otro orfanato, ya estaban allí.

La primera vez, a solas con Ainna Li

Una vez acabado todo el tramite de papeleo, llegó el momento de la despedida con su cuidadora. Fue muy bonito. Su cuidadora estaba emocionada, la cogió en brazos y con lagrimas en los ojos le dijo un montón de cosas. El resto de cuidadoras del mismo orfanato, también vinieron a despedirse de Ainna.

Con ellas, había venido una niña de unos 5 años, creemos que era hija de alguna de las cuidadoras. Durante el rato que estuvieron allí, no dejo de jugar con el pianito que habíamos llevado para Ainna, lo iba pasando al resto de niñas para que jugasen un ratiro. Hubo un momento que se lo entregó a una de las madres que estaban allí, y esta le señaló hacia mí para que me lo diese. Pero volvió a quedarse por el camino jugando con otra niña.

Cuando se marchaba, iba con el pianito en la mano, mirando hacia mí, para ver si le decía algo. Hice ver que no la había visto, y marchó contenta con el piano en la mano.

El resto del día lo pasamos en el hotel. Había sala de juegos para los niños. Ese día, Ainna no durmió en todo el día y por la noche le costó coger el sueño, estaba demasiado excitada para dormir. Al final, hacia las 12 de la noche cayó dormida en

Mis brazos.

Jugando con Papa en el Hotel

Los días siguientes fueron muy tranquilitos. Ainna afortunadamente estaba estupenda. Su alegría y vitalidad, nos tenia suficientemente entretenidos a los dos. Paseos, visitas turísticas, arreglar papeles.... así hasta el día 17 de enero que regresamos a Pekín. Allí, más de lo mismo.
El día 23 de enero, a las 18h mas o menos, llegábamos a Barcelona. El viaje se hizo muy pesado aunque fue bastante tranquilo. Ainna durmió durante casi todo el trayecto, solo se despertaba para comer y jugar un ratito.

¿Angelito o Diablillo?

A la hora de recoger el equipaje, antes de salir, nos despedimos de todas las familias, sabíamos que una vez fuera iba a ser imposible decirnos adiós con tranquilidad.  Habían sido unos días muy especiales los que habíamos compartido.

A la salida de la terminal, muchos amigos esperando y toda nuestra familia al completo. A pesar del cansancio, Ainna tuvo sonrisas para casi todos J.

Con la familia y amigos, en nuestra llegada al aeropuerto

A los pocos días de estar en casa, Lavé la ropa que llevaba Ainna el día que nos la dieron. Miré sus bolsillos por si había algún pañuelo, ya que había estado resfriada.

Encontré un pequeño trozo de cartón con unas letras en Chino. Pensé que sería una etiqueta ya que nos habían dicho que el traje era nuevo, pero estaba mal recortada y preferimos guardarla por si acaso.

Pasados unos días, unos buenos amigos, la familia Valles-Esteban, nos hicieron la traducción de la nota: 

Xinru,

Te deseo que siempre seas feliz y bonita.

La madre que te hecha de menos y te quiere.

 

Esta nota, nos ha emocionado mucho a toda la familia. La tenemos guardada como oro en paño. Cuando Ainna Li “Li Xinru” sea mayor, esperamos podérsela enseñar y poder explicarle, que en todo momento de su vida ha sido y será querida. 

Ya hace un mes que estamos en casa y Ainna sigue tan feliz y animada como el primer día. Nos llena de besos y de caricias y de algún tirón de orejas a los dos perros que tenemos y a los que adora. Se la ve feliz, y eso para nosotros es lo más importante. 

Muchas grácias a todos por la ayuda prestada en todo momento.

Josep, Adelina y Ainna Li

 

 

 

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