Nota: Su autora me comenta que : "Mas que experiencias se describen sentimientos" y que poco a poco se ira ampliando.
Carta remitida por Mª José, que viajó en Marzo del 99 a Nanchang.
<<Tras el proceso de papeles -comenzamos en Febrero del 96- el día
7 de Enero de este año y como regalo de Reyes, veo por fin el rostro de mi
hija. Es tal y como la había imaginado y a la vez tan diferente...,con esa
carita dulce de bebé y ese gesto fruncido en sus cejas que como más tarde
comprobaré, manifiesta su fuerte carácter, su energía y su deseo de plantarle
cara a la vida. Es una superviviente y creo que ella lo sabe.
Cada noche veo su rostro esperando que de un momento a otro nos 'inviten' a
viajar a por ella. Pasan los días, las semanas y la desesperación cada vez
crece más, pensando que ella está allí y nosotros aquí. Por fin ha llegado
la invitación y podemos ir a por nuestra hija.
La noche del 23 al 24 de Marzo es eterna, los segundos pasan como minutos y los
minutos parecen horas. A las 4 de la madrugada, nos levantamos y comienza el
viaje. Apenas puedo creer que en poco menos de 24 horas tenga a nuestra pequeña
con nosotros. Intento imaginar como será el encuentro pero no puedo. Siento
felicidad y a la vez miedo sin saber a qué. El viaje es largo, Milán, Beijing,
otro avión y por fin llegamos a Nanchang. Aquí debería dejar un espacio en
blanco ya que no puedo describir todo ese conjunto de sensaciones que se iban
apoderando de mi. Creo que la desolación que me produjo el ver todo aquello me
iba preparando para el encuentro con mi hija. Me hacía fuerte.
LLegamos al hotel a las seis de la tarde y a las siete tocaron a la puerta de
nuestra habitación: 'Ha llegado la niña'. Esas palabras pronunciadas con tanta
frialdad por la interprete, como si de un paquete se tratara, han quedado
grabadas en mi mente como si de una marca 'al hierro' se tratara al igual que
los hechos que se fueron sucediendo.
Alejé la vista de la puerta hacia el pasillo y........ allí estaba mi hija.
Casi no lo podía creer. Antes de que casi me diera tiempo de extender mis
brazos, la cuidadora me la entregó. En ese momento ni siquiera pude sentir
nada. Tras unos minutos, nos quedamos a solas con ella en la habitación del
hotel. Era una muñeca de trapo, apenas se movía y era casi 'urgente' darle un
buen baño y cambiarla de ropa y así lo hicimos.
La miraba y apenas podía creer que aquella muñequita fuese a formar parte de
nuestras vidas. Quería sentir, que los sentimientos se agolparan en mi corazón
pero no era así, tan solo era ternura lo que sentía en aquel momento. Después
de la odisea del baño vino el sueño.
Al día siguiente, tras una larga noche de despertarse y dormirse eso sí, sin
llorar, vino el nuevo día. Hay que arreglar papeles. La despertamos y la
tumbamos en la cama para vestirla. Fue en ese momento, en ese preciso instante
cuando todos los sentimientos se agolparon en mi corazón. Fue cuando nuestras
miradas se cruzaron. Clavo sus ojos en los míos y en ese instante, sin
pronunciar palabra, nos lo dijimos todo. Sí, eres mi hija y yo soy tu mamá.
Sus ojos pequeñitos me miraban fijamente, y casi podría decir que una pequeña
sonrisa asomó a su rostro. Tras unos segundos, los suficientes, nos lo habíamos
dicho todo. Las dos lo sabíamos y lo teníamos muy claro. A partir de ese
momento formó parte de nuestras vidas.
Después de unos días de tramitar documentos de la niña, regresamos a Beijing
y tres días más tarde a Valencia. Lara cada día más dinámica y más feliz,
se fue adaptando a nosotros y nosotros a ella sin problemas. Hoy es el terremoto
de papá y la princesa de mamá. Siempre tiene una sonrisa en los labios para
todos. Le gusta que la gente la mire y le diga cosas. Ya ha aprendido a decir 'aaaaaaaa'
y se pasa todo el día hasta quedar afónica. Como le dice papá, sólo le
faltan 27 letras por aprender.
Ahora la tengo en mis brazos escribiendo conmigo: jgpe thr jhwgtrrk. Bueno, eso
es lo que ella te quiere contar. En cuanto a su salud es excelente y cada día
está mejor. No para de reír.
Eso es todo lo que quiero recordar del viaje. Lo demás no importa.