Continuación II

Continuación

14/diciembre/1999

 

            Hoy, todavía no sé por qué, he leído de nuevo el relato que envié con las vicisitudes de nuestro viaje a por Lara y los sentimientos que todo ello produjo en mi.

 

            Queda  tan lejano todo aquello.......... y apenas han pasado nueve meses........... Es como si no hubiese ocurrido. Cuando miro a mi hija Lara no se produce ningún recuerdo de todo aquello, al contrario, a veces olvido que un día fui a recogerla. Es como si desde siempre formara parte de mi vida.

 

            Y la vida continua. Después de nuestro regreso a Valencia y una vez instalados en casa, lo siguiente fue la visita al pediatra. Aparentemente Lara estaba sana pero creímos conveniente hacerle una revisión completa incluyendo una analítica para asegurarnos que todo estaba bien y en caso negativo, poder darle todo lo que necesitará. Efectivamente Lara estaba sana y con una alimentación normalizada era suficiente.

 

            Me preocupaba que mi hija con nueve, casi diez meses, tuviera la movilidad de un bebe de tres o cuatro meses no más. No había recibido estímulos y debido al hecho de estar todo el día envuelta en una manta su cuerpecito apenas había evolucionado. Lara necesitaba estímulo y cada día jugando hacíamos ejercicios para facilitar su movilidad. Francamente todavía me sorprende la rapidez con la que fue respondiendo. Tan solo en dos meses había superado el problema y estaba al dia.

 

            Afectivamente se fue creando entre nosotras el vinculo entre madre e hija. Ya no era tan solo ternura, era verdadero amor. Como yo le diagnostico “tiene mamitis aguda”.

 

            Y llegó su cumpleaños el día 10 de Junio. Un añito. Mi hija cumplía un año y tenia la sensación de que me habían robado nueve meses de su vida. Ya tenía un año y apenas estaba conmigo tres meses. Quería detener el tiempo. Me faltaba algo.......... Nos faltaban nueve meses de nuestras vidas.

           

            Para celebrar su cumple hicimos una gran fiesta con sus amiguitos. Fue una fiesta fantástica en la no faltaron  incluso algunas lagrimitas de emoción de sus abuelitas.

 

            Los días pasaron y en Septiembre llegó el momento en que debíamos recorrer caminos distintos. Yo debía volver al trabajo y ella a la guardería. Debíamos dejar de estar las 24 horas juntas y aprender a estar la una sin la otra al menos unas horas al día. Confieso que en cierto modo  me sentía culpable y egoísta. No sabría explicar por qué pero no me sentía bien. Tenia miedo de que Lara pensara que la estaba abandonando de nuevo.

 

            Pero como siempre mi hija me sorprendió gratamente. El día anterior, mientras preparaba el uniforme del cole le explique lo que sucedía. "Cariño, mañana tu iras al cole y mama ira a trabajar. En el cole te lo pasaras muy bien porque jugaras con mas nenes y nenas. Aprenderás a pintar con los dedos y a pegar gomets. Es muy divertido.... ya lo veras. Mama mientras tanto irá a trabajar y cuando menos te des cuenta, mama estará en la puerta del cole esperando a que salgas para ir al parque a jugar. Te lo prometo."

 

            Apenas pude dormir esa noche. Al día siguiente fuimos las dos al cole. Yo le hablaba por el camino intentando plasmar la máxima naturalidad en aquel hecho. En el fondo sentía verdadero terror de llegar a la puerta de la guardería y no dejaba de sentirme culpable. A unos pocos metros de la puerta sentí la tentación de dar media vuelta pero ya habíamos llegado. No podía volverme atrás. "Mi cielo, ya hemos llegado. Un beso muy fuerte cariño" . Me miró y me abrazó pero no lloró. La señorita la cogió en brazos y la metió en clase. !Que tristeza sentí en ese momento! Era como si me arrancaran el corazón y no pude evitar que los ojos se llenaran de lagrimas. Me sentía mal.

 

            Durante todo el dia no pude dejar de pensar en ella. ¿Creería que la habian abandonado de nuevo? ¿Se repetirían en ella sensaciones no deseadas?.Por la tarde antes de que abriesen la puerta de la guardería ya la estaba esperando. Cuando la señorita me la entrego (todavía no andaba sola) nos emocionamos las dos. Fue entonces cuando abrazada a mi cuello se puso a llorar y reir a la vez. Como le habia prometido, nos fuimos al parque a jugar. Fue el primer dia que se tiró por el tobogán.

 

 

 

            Van pasando los dias y cada vez mi hija se ve mas feliz.

 

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