Buscar a Judith

Nota de Cheroky: Esta pagina tarda en cargar 355 segundos aprox. pero la verdad es que merece la pena.

Hola estimados colisteros:

Somos lo que queda de Salvador i Esther, añadiendo la "peque " a la lista, que ahora ya ha dejado de ser una foto y una ilusión y se ha convertido, por fin, en nuestra hija.

No nos hemos incorporado, todavía a nuestros quehaceres habituales, pero una buena recuperación del cansancio, nervios y estrés sufrido, y con el permiso de Judith Liqiu, me permite establecer de nuevo contacto con vosotros.

Creo que las cosas hay que explicarlas como han sido. Nuestra experiencia en China se ha convertido en un verdadero mal sueño, del cual queremos olvidar lo mas pronto posible, a pesar de la ilusión con que organizamos el viaje, y lo bien que nos lo pasamos antes del encuentro con las niñas. Efectivamente no es oro todo lo que reluce.

Desde que nos incorporamos a la lista, vuestros/nuestros mensajes son y han sido como un libro cuyo final es siempre feliz. Nuestro final, estamos seguros que llegará también y será feliz, pero los capítulos intermedios han sido realmente para olvidar. Creemos que es bueno para todos el contaros una mala experiencia, para prevenir a aquellos padres que, bajo la ilusión de ir a buscar estas maravillosas criaturas, que realmente lo son, se pueden encontrar, y no digo que tenga que ser así, puesto que la mayoría habéis regresado encantados, pero puede repetirse esta vicisitud, aunque las criaturas no tengan la menor culpa, entendemos que hay que preparase para un encuentro violento.

Ahí va un pequeño relato:

Después de los grandes preparativos, que, tras las advertencias de los "experimentados" habíamos recibido de no sobrecargar las maletas, como buenos novatos llevamos cuatro maravillosas i grandes valijas, que pesaban tanto que ni podíamos con ellas, además de bolsos de manos, mochilas, cámara de fotos...

Dentro de ellas os podéis imaginar: Pañales, por si acaso...... Bragas pañal, por si acaso.... Medicinas para montar una farmacia infantil, por si acaso.. Papillas, con leche, por si acaso.... Papillas, sin leche por si acaso.... Leche de soja, por si acaso... Ropa de abrigo, por si acaso.....

Y un largo etcétera de por si acaso. Ah!, las dos parejas que viajamos juntas, nos inclinamos por llevar carrito de paseo. Tanto la época del viaje como por la comodidad que supondría, nos inclinó para llevárnoslo des de aquí. No nos equivocamos a pesar de llamar la atención de los ciudadanos chinos, como más adelante explicaré.

Jueves, día 28 de octubre.

Billete de salida vía Frankfurt. Llegamos al aeropuerto del Prat sobre las 10 de la mañana. Los que iban a ser nuestros compañeros, grandes personas y amigos de viaje, padres de la maravillosa Sara Yao, Núria y Alberto, no habían llegado todavía. Ellos residen en Esplugues y por lo tanto les quedaba cerca. Apuraron mejor el tiempo.

Una gran cola de alemanes de la tercera edad aguardaba en el mostrador de Lufthansa. (Supongo que las vacaciones en España, son para los alemanes como Benidorm para nuestro Imserso).

Finalmente, sobre las 10,30 llegaron con unas amplias sonrisas en sus rostros. Por fin había amanecido el esperado día.

Lufhansa anunció que nuestro vuelo, con destino al aeropuerto alemán, llevaba dos horas de retraso, a causa de la niebla que casi siempre existe en aquél. No nos importó. Entre paseos por el aeropuerto, bocadillos y anécdotas personales, matamos el tiempo de espera.

Después de un vuelo aparentemente normal, aterrizamos en la ciudad alemana, con el objetivo de embarcar en tránsito con el vuelo hacia Beijing. Al llegar con retraso, tuvimos que ir a la carrera dentro de aquella ciudad-aeropuerto, llegando con tan solo 10 minutos para el despegue. Un maravilloso y cómodo Jumbo 747 de la misma compañía despegaba de Frankfurt con destino a la capital china.

Viajamos en el asiento detrás de nuestros amigos, i entre sueñecito y sueñecito no contábamos nuestra esperanzas, lo tranquilos que ya estábamos, y mirando la película "Wild Wild West" en los monitores del avión, sin ser conscientes, todavía, que la verdadera aventura acababa de empezar.

Llegamos a Beijing, tras nueve horas y media de vuelo. Tras una breve espera en la aduana, recogimos nuestro equipaje, el cual llegó en perfectas condiciones.

VIERNES 29.OCTUBRE

A la salida de pasajeros una joven china, nos esperaba con un cartel con nuestros nombres. Se presentó como Carmen, nuestra guía y intérprete que no acompañaría durante todo el proceso.

Habíamos oído hablar de Felisa (la cual concidimos en Changsha, capital de Hunan, provincia en la cual nacieron nuestras hijas, y que acompañaba a otro matrimonio español, y de Mario, el cual nos informó la propia Carmen, que había cambiado de trabajo. Como sabíamos que las/los guías de la Agencia de La Mujer, eran competentes, no nos importó el hecho de no tener referencias de Carmen. Realmente fue y es una persona maravillosa, pero la verdad es que no os la podemos recomendar para realizar los trámites. Quizá con el tiempo, ella cogerá experiencia, pero al final de todo el proceso averiguamos que solamente había tramitado una sola adopción antes que la nuestra. Y, sintiéndolo por ella, porque, repito, es una persona fantástica, hablaba bastante mal el español, con lo cual nos provocó algún despiste importante e incluso no supo resolver satisfactoriamente algunos tropiezos en los cuales nos vimos envueltos.

Carmen nos acompaño a la nueva terminal del aeropuerto de la capital China, recién inaugurado por las fiestas de octubre, del cual observé que realmente China despierta al progreso. Esta nueva terminal no tiene nada que envidiar a cualquier aeropuerto europeo. Desde aquí cogimos el vuelo doméstico hasta Guillin, ciudad situada al sur, ya en la provincia de Guanxi, para empezar el recorrido turístico.

Recuerdo que en mi carta de despedida hacía mención de la pequeña frivolidad con que preparamos el viaje, cogiendo por un módico precio una extensión a esta ciudad, de parada obligatoria para cualquier viajero que quiera contemplar unos parajes maravillosos y que quien más o menos ha visto en alguna película.

Nos hospedamos en el hotel Gui-San, muy correcto y bien situado. Núria, Alberto y Esther, mi esposa, estaban muy cansados, por lo que decidieron echar un sueñecito. Por mi parte decidí integrarme cuanto antes dentro de aquel país nuevo y hice una incursión en solitario por algunas callejuelas de esta ciudad. Realmente valió la pena. Me sentí el "extraño" dentro de un país extraño. La gente me miraba. Si tenemos presente que mis rasgos occidentales son acentuados (nariz larga y bigote), lo que no hubiese sido normal el pasar desapercibido Algunos ciudadanos me sonreían y saludaban con la mano. Entré en un mercado callejero, donde se vendía de todo lo comestible: serpientes, pollos, verduras, etc. Una anciana me ofreció probar unos cacahuetes, los cuales acepte con mucho gusto. Estaban revestidos de guindilla, u otra especie picante, con lo cual salí rápidamente del mercado en busca de una tienda donde vendiesen agua embotellada, la cual fue mi salvación.

Crucé un puente provisional sobre el río Li, y fue entonces cuando noté la sensación de estar en la autentica China: cientos de personas, caminando o en bicicleta me empujaban a seguir el sentido de la marcha, con lo cual tuve que llegar hasta el final del puente para volver atrás. También observé la facilidad de los chinos a sentarse en cuclillas. Supongo que todos los que habéis viajado, lo habéis intentado. Digamos que nos pesan más las posaderas a los occidentales. Realmente para nosotros es incomodísimo. Unos policías vigilaban atentamente el puente. La gente me seguía mirando y sonriendo. Fue realmente maravilloso. Confieso que me olvidé por un momento del motivo real del porqué del viaje a China.

Regresé al hotel, cuando ya oscurecía, para contar a mis amigos la aventurilla en solitario. Tomé una fantástica ducha y cenamos los cuatro en el mismo hotel.

Al día siguiente teníamos programada un descenso en barco por el río Li. Carmen llegó acompañada de otra chica, la cual nos la presentó como la guía local de Guillin. Lamento no acordarme de su nombre. Hablaba un español muy correcto, y se expresaba perfectamente. Llegamos al embarcadero pocos minutos antes de las 10 de la mañana. En punto partimos varios barcos para realizar el pequeño crucero. El tiempo era lluvioso, con niebla en las montañas, pero las imágenes del paisaje, marcado entre las brumas y el agua con sus reflejos plateados creaban una atmósfera que me quedará gravada en la memoria. Realmente es una maravilla. Recomendable a quienes vayáis por allí.

La comida fue en el mismo barco, cuyo precio iba incluido, a excepción de los camarones de río (gambas). Comimos estupendamente, con el correspondiente aprendizaje de manejo de los palillos y menú estrictamente regional. El descenso a ritmo lento fue indescriptible, lleno de emociones difíciles de explicar

El desembarco se produjo en la población de Yangshuo.

Allí nos esperaba un microbús para volver a la ciudad de Guillin, no sin antes pasar por un montón de tiendas vendedoras de recuerdos. Lástima que no tuvimos mucho tiempo para ver las muchas cosas que nos ofrecían, máscaras, sombreros, sedas…….

Durante el trayecto de vuelta por carretera, Alberto tuvo que visitar con urgencia un lavabo público chino. El mismo os podría contar la experiencia. Os la podéis imaginar….

De nuevo en la ciudad de Guillin fuimos a ver unas galerías de arte chino, autenticas, poco turísticas, puesto que Esther es una aprendiz de calígrafa de caracteres chinos y le pedimos a las guías que nos acompañasen, motivo que les fue muy grato para ellas para enseñarnos la artesanía de Guanxi. Compramos un par de obras a buen precio, previo el correspondiente regateo.

Cenamos en un restaurante que nos recomendó la guía local, donde al parecer van muchos ciudadanos de Guillin. La verdad es que menos mal que invitamos a Carmen, pues en el restaurante todo, absolutamente todo estaba en su idioma. Ni una palabra de inglés u otra lengua. La anécdota fue que tuvimos que escoger el pollo que pedimos en el menú. Estaba vivito y coleando. Lo siento, no puedo sentirme verdugo, per lo mataron delante mío, de un porrazo en el suelo.

Al día siguiente, visitamos otras maravillas de la ciudad, unas grutas llamadas La flauta roja, una fábrica de perlas de río, cuyos precios son para extranjeros, por lo tanto prohibitivos, y finalmente la colina conocida como La nariz de elefante.

Al atardecer, nos desplazamos a la estación de ferrocarril donde estaba previsto tomar el tren nocturno que nos llevaría a Changsha. En la sala de espera, había tres o cuatro funcionarias del ferrocarril, las cuales no nos dieron ningún tipo de información, ni ayuda. Allí nos despedimos de la guía local y con todo el equipaje ya en el anden, mientras esperábamos la llegada de nuestro tren, Carmen nos enseñó unos movimientos básicos de Tai Chi.

Cuando el convoy llegó, subimos a nuestro coche-cama, el cual parecía sacado de los mejores años sesenta. Para las maletas hicimos cadena humana, nosotros cinco. La sorpresa fue que al llegar a nuestro compartimento, estaba ocupado!!!.

El tren arrancó. Carmen llamó al jefe de vagón, una mujer con cara de no querer complicarse la vida y entre ellas discutieron. Total que, al cabo de aproximadamente una hora ya de viaje, salieron los ocupantes con rostros escépticos y pudimos entrar en aquellos 5 ó 6 escasos metros cuadrados, con cuatro literas. Carmen se despidió y se fue al vagón público, donde la gente duerme sin compartimentos.

Como curiosidad explicaré que en los trenes de la R.P.China, se intercambia el billete por una especie de ficha, de distinto color, según el vagón, para así poder entrar y salir del mismo. Se tiene que poner especial cuidado para no perder esta ficha, puesto que al final se vuelve a intercambiarla por el billete original, que se debe de entregar al salir de la estación. Si no se lleva el billete debes de volverlo a pagar.

Una vez "acomodados", si esta es la palabra, tuvimos la osadía de ir al lavabo del vagón. Para que describir las nauseas del mal olor que desprendía.

No obstante, tampoco nos importó, era la última noche de nuestras vidas que estaríamos sin nuestras hijas. Los cuatro nos reímos mucho a lo largo del trayecto nocturno, explicando anécdotas de nuestras vidas e imaginándonos el futuro que nos aguardaba.

Dormimos lo que podimos. Al amanecer el tren caminaba entre poblados y estaciones con especiales características., Mirábamos por la ventana encantados, veíamos a la gente, sus vidas cotidianas, tan diferentes a lo nuestro, vimos colas de niños caminando en fila, nuestra imaginación nos decía que iban a la escuela, vimos labradores en los campos, tal i como siempre habíamos visto en las fotografías del lejano oriente. Fue, en verdad, maravilloso.

Llegamos a la ciudad de Changsha sobre las 8,30 de la mañana. Descargamos nuestro equipaje. Por suerte alguien se brindó a echarnos una mano (tuvimos que dar propina naturalmente).

Un microbús de la Agencia de la Mujer se encargó de trasladarnos al hotel Gran Sun, donde desayunamos, nos duchamos y aseamos a fondo.

Comimos en el buffete, muy completo, pero las ansias de la espera, no nos dejaba tragar bocado.

Sobre las 2 de la tarde se presentó Carmen, para ir a las oficinas del Notario, donde se iba a producir por fin el esperado y enigmático encuentro.

En ese momento comprobamos que Carmen no tenia mucha idea de los pasos a seguir, puesto que cada momento consultaba una especie de "chuleta" donde nos imaginamos especificaba los pasos a seguir.

Nuestros nervios no aguantaban más.

Primer fallo de la agencia: fuimos en taxi. No había microbús esperándonos. Alberto, Nuri y Carmen en uno; Esther y yo en otro. Nuestro taxista no sabia bien el camino y se perdió un par de veces.

Comprobamos el comportamiento de los conductores del país. (ni caso a los semáforos, ni al ceda el paso, ni tan siquiera a los peatones, ni al montón de bicicletas que circulan al unísono. Adelantamos donde no se podía. Con los nervios, sin haber apenas comido y su conducción, el cóctel se iba haciendo insoportable.

Llegamos a un edificio, como a medio construir, o a medio derruir, no sé muy bien como definirlo. Una vez cruzamos el umbral de la puerta principal, un lugar oscuro y sucio, donde entre carteles con caracteres chinos, se entreveían oficinas.

Nos esperamos en una sala cuyos sofás estaban llenos de polvo, la adrenalina estaba a flor de piel. Yo quería llevar el recuerdo del encuentro y preparé la cámara de fotos.

Adosado en esta sala había un lavabo igualmente nauseabundo.

Los sucesos que ocurrieron después nunca se me borraran de mi mente. Se abrió la puerta i entraron dos pequeñas niñas. Reconocimos enseguida a Sara Yao, la hija de Nuri y Alberto; Judith Liqiu parecía otra, con respecto a la foto de la asignación. Yo personalmente la medio reconocí, Esther no.

Estaba mucho mas delgada. Le sobresalían dos grandes bultos de la frente, a modo de repetidos golpes dados en el mismo sitio y tenia la parte de atrás de la cabeza muy plana. Llevaba un Chupa Chup en una mano y en la otra un envoltorio, que no identifiqué.

El Encuentro

Detrás de las pequeñas, tres o cuatro mujeres, todas vestidas de negro de semblante serio, se presentaron como las cuidadoras del orfanato de Yuan Lijian. Una de ellas era la directora. Llamaron por el nombre original de las pequeñas: Yuan Yao y Yuan Liqiu, entregando seguidamente a las mamás aquellos seres, que de forma inmediata estallaron al unísono con un llanto de desesperación.

Estábamos preparados para esto, pero puedo jurar que no con la intensidad con que lloraban. Ambas criaturas parecían ser torturadas, era un llanto de pánico. Su sufrimiento era descorazonador. Una de las mujeres se identificó como la cuidadora de Judith, la cogió en brazos, y bajo los gritos de "mama, mama"...., se calmó.

Esta chica le daba besos y le hablaba en chino para que se calmase. Al cabo de un rato y se la volvió a entregar a Esther, y de nuevo rompió el lloro. En este momento me mantuve con suficiente sangre fría como para sacar la foto ansiada.

Mientras tanto Carmen nos reclamó a Alberto y a mi que teníamos que rellenar algunos impresos. Sentados en el suelo, pues no había una triste mesa empezamos a escribir cuestionarios cuyas preguntas estaban en chino. Carmen, intentaba traducir. No me avisó de los caracteres europeos o españoles que China no admite. Yo me llamo de segundo apellido ViÑas (evidentemente Ñ, no existe), Esther se llama Baró (con acento) i Martínez (igualmente), pues bien el notario no me acepto ni la Ñ, por supuesto, ni los acentos. (tened pues es cuenta estos factores).

La mala traducción de Carmen me obligó también a rellenar de nuevo los impresos, puesto que la conversación era del tipo:

Carmen:"...aquí hay que poner nombre" Yo:...."¿Mi nombre y apellidos? C: ..Si, Si, claro que si!

Entonces yo escribía mi nombre completo

El Notario devolvía el documento, sin mediar palabra. Mientras la que era ya nuestra hija se deshacía en llantos en brazos de Esther. Ahora ya sin control, tirando patadas i golpeándola. Volvía la cuidadora y otra vez a la voz de: "mama, mama....." se calmaba. Yo le preguntaba a Carmen porqué el notario me devolvía el documento, y ella contestaba:

"Hay que poner nombre!

Yo contestaba que ya lo había puesto. Ella se quedaba pensativa y al final respondía: "NOO, HAY QUE FIRMAR". (sic).

Al cabo de un rato, otra persona entro en el recinto y dijo que nos teníamos que sacar una fotografía de toda la "nueva familia". Esther tuvo que coger a Judith, ponerla en el centro de ambos, y con su desesperación y llanto, después de hacer tres o cuatro tomas, nos dijo que la ultima era buena. Y los papeles a medio rellenar...

Seguimos escribiendo los formularios, donde juramos no maltratar, abandona o matar a las niñas. Y las preguntas de rigor: sueldos, explicar por qué queríamos adoptar, y otras preguntas, que ya no recuerdo.

Carmen me requirió, para que tradujese los juramentos a Nuria y Alberto, puesto que venían en inglés, y por lo tanto le podía indicar mejor lo que ponía. Mis únicos deseos eran estar con Esther y la pequeña, mientras oía su llanto, parecía que me iba a quedar bloqueado.....

Por fin, pude estar al lado de Esther. Ella y Judith se habían encerrado en aquel horrible servicio, pero la pequeña había descubierto el espejo y parecía que, al verse reflejada se calmaba. La observé de cerca y recíprocamente ella me miraba atentamente, le hice las primeras carantoñas, sin éxito. Le entregamos un pequeño muñequito de colores, igualmente lo rechazó. Esther me comento que su cráneo estaba, excesivamente plano por su parte de atrás, además de los bultos en su frente ya comentados. Más tarde deducimos el porqué.

Nuevamente entraron en la habitación las mujeres del orfanato, incluida la cuidadora de Judith. Para nuestra desesperación, y aún con su Chupa Chup en la mano, volvió a romper a llorar desconsoladamente, ella la arrancó nuevamente de los brazos de Esther, y mirándola, como queriendo decir "Tu no la vas a saber cuidar como yo".

Carmen se me acercó, y tal y como había hecho con Alberto, me preguntó si llevábamos los archifamosos 3.000 dólares (por cierto, es mucho dinero no?. Alguien se atrevería a realizar un seguimiento, si verdaderamente llegan íntegramente al orfanato, para cuidar las criaturas. Yo aseguro que, viendo el estado de Judith, esta pobre criatura, a quien ahora quiero con toda mi alma, no ha recibido ni el resultante de uno solo de estos cotizados y nuevos billetes).

Asimismo, Carmen, nos había dicho antes de ir a las "oficinas", que hoy no tocaba pagar todavía. Menos mal que tanto Alberto como yo, y, supongo que todos los que habéis viajado, no nos separamos de esta pequeña fortuna durante las 24 horas del día.

Pagamos el dinero, y, la directora, nos hizo el correspondiente recibo, con el clásico "papel de fumar". Pagamos, igualmente los servicios notariales, a cambio nos fue entregado un curioso libro de familia chino, con la foto, que os he comentado anteriormente y finalmente firmamos todo lo firmable. Queríamos preguntar muchas cosas a la cuidadora. Al final se olvidó todo.

Volví con Esther y Judith, las mujeres del orfanato, incluso la cuidadora, ya, por fin, se habían marchado, y la pequeña parecía más calmada. Esther me comento que la propia cuidadora había llorado al marcharse (creo que a pesar de las condiciones del orfanato, existió una relación de amor entre ellas). Saque un par de fotos más y nos marchamos de aquel horrible lugar hacia el hotel.

Carmen paró un par de taxis. Ella, esta vez, vino con nosotros. Durante el trayecto llevé a Judith en mi regazo. Ella iba mirando por la ventanilla con curiosidad. El vehículo se detuvo delante de la puerta del hotel, el cual seria la primera casa de nuestra nueva familia, al menos por unos días.

Solamente abrir la puerta de la habitación, la pequeña se quedó de pie cogida con su manita a la pata de una silla. No había ninguna expresión en su rostro. Estábamos preparados para este encuentro. Sabíamos que no nos recibiría con los brazos abiertos, pero no para soportar aquellos lloros tan desgarradores. Igualmente ahora, sin expresarse, deberíamos de empezar a reconocernos.

Empezamos por desnudarla. Llevaba cinco prendas en la parte superior y tres pantalones. Judith, sin dejar su caramelo de palo, comió su primera papilla, sentado en mi regazo, mientras Esther le daba cuchara a cuchara, sorbo a sorbo, ella iba comiendo bastante bien. Sacamos más fotos. Decidimos darle, después un baño, pero sin intentarlo en la bañera, sino en el lavabo. Se dejó quitar toda la ropa sin ninguna resistencia. Por primera vez la vimos totalmente desnuda. Tan poquita cosa, Observamos marcas en los tobillos i en las muñecas, así como en la parte de la espalda. Tenía la piel muy seca, con escamas, pero no observamos parásitos en la piel. Obviamente si que poseía la mancha "mongólica".

Se nos saltaron las primeras lágrimas. Comprendimos que había sido maltratada y que había estado atada. Esther i yo sin hablar nos preguntábamos el porqué de todo aquello, el porqué una criatura que durante dos años no ha tenido más vida que aquello que nunca sabremos, pero que intuíamos .

Mirada Vacía

Judith se dejó bañar y vestir con la ropa nueva que habíamos comprado en España, eso si sin dejar su preciado caramelo y continuando inexpresiva en su faz. Por suerte, al comprar en España la ropa, acertamos plenamente con la talla, incluso con el número de zapato. Estaba preciosa. Su semblante, no obstante, impasible. Seguimos haciendo carantoñas y ella cogida de la pata de la mesa, parecía no importarle nada. Estuvimos una hora larga intentándolo.

En un momento de inspiración observé que en el envoltorio del muñeco que le compramos, y que por supuesto que no le hacia ni caso, había un globo. Soplé con las pocas fuerzas que me quedaban, anudé el extremo para que no se escapase el aire y se lo ofrecí a Judith. Ella lo miró y, como si hubiese encontrado algo que le gustase, le dio un fuerte manotazo que lo hizo rebotar en el suelo. Creí haber encontrado una solución. Llamé a Esther, y seguimos entregándole el artilugio, y..… nuevo manotazo y más rebotes. Al cuarto o quinto golpe esbozó una leve sonrisa. Esther y yo nos miramos casi sin creérnoslo. Seguimos unos minutos más con la terapia, al final Judith reía a carcajadas al ver el globo rebotar en las paredes, en el suelo o sobre mi cabeza. Contentos, los tres nos fuimos a la habitación de Alberto y Nuri, para ver como les iba con Sara Yao. Al parecer tenían los mismos problemas de inexpresión. Les contamos el truco del globo, del cual Judith ya no se soltaba. Sara reaccionó de la misma manera. Al cabo de cinco minutos, ambas criaturas estaban jugando juntas con el globo (Tomar nota, los globos deshinchados no ocupan sitio y por si acaso....). Nos quedamos en su habitación un buen rato para que jugaran y así lo hicieron hasta la hora de la cena.

Jugando en el Hotel

Bajamos al restaurante buffet del hotel. Nos sentamos los seis en la misma mesa, para las niñas nos pusieron la sillita adaptada (en catalán se llama "trona"; ¿como se dice en castellano?). Judith no quiso sentarse y se mantuvo en pie otra vez cogida a la pata de la silla, aunque hicimos esfuerzos por sentarla, desistimos de ello. No obstante, comió, sin soltar la manita, alguna cosa que nos habíamos servido en nuestro plato. Una vez cenados, (¡y menuda hambre teníamos!), subimos a la habitación para acostar a las niñas. Nos despedimos de nuestros amigos, creyéndonos ya felices al ver a aquellos seres que por fin nos habían cogido confianza. En la habitación nos habían colocado ya una cuna, realmente muy bien preparada. Desnudamos de nuevo a nuestra hijita, pusimos el pijama, y la colocamos en la cunita, entregándole un muñeco "especial" para ir a dormir (llamado "TATO"), el cual todavía sirve para su cometido hoy en día. Nuestra sorpresa fue que, cuando la acostamos se puso a llorar de nuevo, como cuando el encuentro por la tarde, poniéndose en pie y agarrándose a los barrotes de la cuna. Primeramente nos preguntábamos que le debía pasar. Esther le cantó una canción, acariciándola a la cara, y llamándola suavemente, se fue calmando poco a poco, cerrando lentamente los ojos, y, en pie, se durmió, hasta que sus piernecitas flaquearon y la conseguimos acostar.

Comprendimos inmediatamente lo que Judith había vivido en el orfanato, y esto nos lo corroboró Carmen, Judith, había estado muy sola, obligada durante largo tiempo, cuando era mas pequeña, a estar acostada en la misma postura boca arriba, lo que explicaba su deformación craneal, atada de pies y manos (recuerdo sus marcas en piernas y muñecas), y creímos que compartían cama con Sara. Ya de mayorcita la habían dejado a su aire, sin atarla. Cuando debía dormirse caía de bruces contra su frente produciendo esos chichones que hoy en día todavía no se les han curado. TENÍA PANICO A ESTAR ESTIRADA!!!!! (Hoy en día todavía arrastramos secuelas de esta brutalidad).

Creímos que después de la presión a que estuvo sometida y al propio miedo, durmió toda la noche hasta la 7 de la mañana. Los que apenas dormimos fuimos nosotros, observándola todo el rato y queriendo llorar de rabia, emoción y pena, pero sin poder hacerlo por no despertar a aquella hermosa criatura de la cual ya éramos los responsables. Solamente soltamos unas lágrimas y nos abrazamos consoladamente.

Al día siguiente, la vestimos, le dimos una papilla para el desayuno y bajamos al restaurante del hotel. Nos encontramos de nuevo con nuestros amigos contándonos las experiencia. Tampoco ellos habían dormido mucho. Sara no obstante si se había acostado. Al parecer, y sin pedirlo, la Agencia de la Mujer, nos había organizado una visita al museo provincial, llamado HUNAN BOWUGUAN. En dos taxis nos trasladamos a este museo que estaba cerrado!!! (cierran los martes). Suerte que como conformistas que somos, nos resignamos, pues este museo vale la pena. No obstante estábamos más preocupados por las pequeñas , que por la historia de China.

Judith se mostró en todo el rato distante. Sara Yao estaba mas simpática con todos. Decidimos dar un paseo por los alrededores del museo, Ambas criaturas aceptaron bien el carrito de paseo. Ahí comprobamos la curiosidad de los ciudadanos chinos por las adopciones. Los "expertos" también lo sabéis muy bien. Para los venideros, prepararos para que os paren por la calle y os hagan comentarios de todo tipo. Generalmente son positivos, del tipo ".... que suerte tienen estas niñas, puesto que les aguarda un buen futuro mejor que en China...." otros menos orgullosos del tipo "...que lástima que nuestro país no pueda hacerse cargo de estas pequeñas...". Obviamente esto era lo que Carmen nos traducía.

Paseo turístico

Judith seguía con una actitud escéptica y sin mucho entusiasmo a los juegos que intentábamos hacerle participar. No le dimos ninguna importancia pues era el primer día y acabábamos de conocernos.

Fuimos en busca de unos almacenes para si podíamos comprar mas globos hinchables, puesto que nos temíamos que una vez explotase el fetiche que nos había creado el enlace y la comunicación, podríamos tener un buen berrinche. Difícil lo tuvimos, y no los tuvimos hasta el día siguiente que Carmen nos los trajo de otro centro, juntamente con unas golosinas tipo gelatina, que, al parecer, a los pequeños chinos les encanta al igual que el Chupa Chup.

Volvimos al hotel para la comida en la habitación y Judith volvió a comer, un rato en mi regazo, pero luego quiso ponerse nuevamente en pie.

Quedamos con Alberto y Nuri para comer, y, como el día anterior, no aceptó la sillita. Se quedó en pié, pero al lado de Nuri.

Sin darle tampoco mayor trascendencia, comimos y decidimos que las niñas volvieran a jugar entre ellas. En el Hall del hotel Gran Sun hay una gran sala de espera, con unos sofás muy cómodos, por lo que las niñas jugaban a sus anchas, creo recordar, con un estuche de los cubiertos infantiles de Sara, sacándolos y ordenándolos dentro y así estuvimos un buen rato, relajados, observándolas y contentos de lo activas que estaban.

La otra cara de la moneda fue cuando Esther o yo mismo quisimos jugar con Judith. El simple hecho de dirigirle la palabra provocaba el rechazo. Gruñía tan solo si uno de los dos se le acercaba; si intentábamos cogerla lloraba a grito pelado. Obviamente si íbamos a dar una vuelta por el hotel no quería venir con nosotros. Solamente le hacia algo de caso a Nuria.

Empezamos a temer que Judith no nos aceptaba. Peor fue, cuando apareció Carmen y nos trajo las golosinas que he mencionado y le habló en chino; Judith entendía perfectamente el idioma; entonces solamente aceptó a Carmen. Preguntamos a Carmen por la actitud de Judith, mostrándose, ella, preocupada también. Llamó a su agencia y cuando volvió nos comentó que le habían comentado que la pequeña no conservaba la referencia nuestra. Algún error estábamos cometiendo…… Finalmente, nosotros mismos nos dimos cuenta. Cada uno de los/as padres/madres llamaba a su "hija": "mira a mamá" o "vete con papá". Nos pusimos en su lugar y comprendimos perfectamente el despiste que durante todo el día les inculcamos a ambas criaturas. Judith se iba con quien identificaba en cada momento como mamá o papá: DONDE SARA IBA TAMBIÉN ELLA; SI SARA NO ESTABA SE IBA CON QUIEN COMPRENDÍA LO QUE LE DECÍAN (Carmen). Nosotros la estábamos perdiendo….

La propia Carmen nos propuso la solución: Encerrarnos en la habitación a realizar una terapia de reconocimiento y separarnos físicamente de nuestros amigos, es decir comer, pasear, etc. por separado.

A partir de aquí los días siguientes fueron muy duros.

Con Judith estuvimos todo el resto de tarde en la habitación, intentando, a modo de juego, que nos fuese identificando. La dimos de cenar, y, con muchos temores, ya desfallecidos del sufrimiento, bajamos al restaurante para comer nosotros. Nos pusimos en una mesa lejos de nuestros amigos así que la pequeña no pudiese verlos. A duras penas pudimos tragar algo sólido, pues a Esther y a mi, nos apretaba un nudo en la garganta. Fuimos, disimuladamente, alternándonos a hablar con Nuria y Alberto y, cada vez llorábamos de lo mal que lo pasábamos nosotros, y, sobretodo, de lo mal que la pequeña se sentía entre nosotros, contra su voluntad.

Por la noche repetimos el ritual del día anterior, no sin antes intentar corretear por los pasillos de las habitaciones del hotel para que se familiarizase con los paseos cogidos de la mano. Lo logramos en contadas ocasiones.

Miércoles 3.octubre.

Un microbús nos traslado, después de desayunar, a la población de Yuan Lijiang, donde estaba ubicado el orfanato. Fuimos a una oficina notarial para firmar los certificados de abandono y adopción. El viaje, por suerte, fue tranquilo, pues Judith se durmió. Sara también. Durante la estancia en las oficinas estuvo prácticamente todo el rato junto Alberto, que estaba a su vez con Sara y, a ratos, con Esther.

Nuria y yo éramos los encargados burócratas. Solo una vez que quise acercarme a Judith me rechazó violentamente. Mis sentimientos eran del todo contradictorios, por una parte quería insistir, por otra llegamos a pensar que habíamos cometido un error al adoptarla (OS JURO QUE ESTE PENSAMIENTO ES MUY DURO). Por otra parte, el corazón nos decía que era cuestión de tiempo.....

Durante el protocolo notarial, estuvo presente la directora del orfanato, a quien en alguna ocasión la aprovechamos para preguntar por el estado de salud de las pequeñas, contestándonos "QUE AMBAS, AL SER LAS MAYORES DEL ORFANATO HABÍAN ESTADO LAS NIÑAS MEJOR CUIDADAS DEL ORFANATO".... se me revolvieron las tripas de tal forma que si llego a hacer caso a mis instintos básicos la hubiese pegado, pero la razón imponía que esbozase incluso una sonrisa asistiendo su afirmación. Una vez realizado todos los tramites volvimos, a Changsha, sin mayor problema, pues las niñas volvieron a dormirse.

Comimos algo en el hotel (por separado), y el día dio poco más de sí, puesto que nos volvimos a encerrar en nuestra habitación con la terapia de reconocimiento.

Jueves 4.octubre.

Nos levantamos temprano para salir hacia el aeropuerto. Antes yo me había quedado en la habitación cerrando las maletas y dando un ultimo repaso. Cuando bajé al comedor vi que Carmen estaba sentada en la mesa junto a Esther. Mi esposa me comentó que Judith estaba desayunando tranquilamente con ella, hasta que llegó la guía. Dejó de comer y ya no quiso saber nada más de Esther y, por supuesto yo no podía ni acercarme, solamente quería a Carmen. Todo nuestro trabajo de dos días se evaporó en un instante.

Bajo sollozos nos trasladamos al aeropuerto para viajar a Beijing, la espera fue dramática, solamente Judith quería a Carmen o a Nuria, cuando esta estaba con Sara.

Esther ya no pudo más y lloró desconsoladamente. Le pedimos a Carmen, por favor, que dejase de hablarla en chino, por probar, si funcionaba el hecho que tampoco la entendiese, pero ella insistía en querer controlar la situación. Estábamos desesperados. Por si fuera poco, el avión con destino a la capital sufrió un retraso de una hora.

Ya en el avión, nos sentamos de forma separada y, por fin la pequeña quiso jugar un rato con nosotros y comió, incluso, de la bandeja de Esther.

Llegamos a la hermosa capital China, trasladándonos al hotel WANG FUJING, muy céntrico, pero muy mal preparado para acoger parejas adoptivas. (Alguno de vosotros lo debéis conocer).

El hotel Wang Fujing está situado en la Avenida del mismo nombre. Beijing, en sus barrios "para la foto", estaba recién estrenada. Todo era nuevo debido a las fiestas del 50 aniversario.

Nos acomodaron en una habitación en el piso sexto. Cerca de ella estaba la de Nuria y Alberto. Previamente habíamos advertido a Carmen que nos colocase en habitaciones distantes, para no coincidir, ni tan siquiera en el pasillo. (Soy consciente de que a alguno de los que me estáis "escuchando", os parecerá exagerado, pero os remito a mail de Rafael Bonacasa, para que comprendáis la angustia que se llega ha dar cuando cada vez que quieres entrar con la que  oficialmente es tu hija, dentro de la habitación o llevarla a cualquier parte se convierte en un autentico drama, y ves que ella lo pasa peor). Carmen se excusó con el pretexto que en el hotel no habían más habitaciones disponibles. Nuevamente nos resignamos y convinimos la misma táctica empleada en Changsha, es decir comer separados, a distintas horas, etc. Carmen, que vive en esta capital, nos dijo que se iba a su casa a dormir.

A nosotros, cuando contratamos el viaje, con guía-traductora incluida, se nos prometió, y en los casos que ha conducido Felisa y Mario así nos consta, que dormiría en el mismo hotel que nosotros. Pues no, Carmen se fue tan campante a su casa, facilitándonos tan solo un numero de teléfono móvil por si la necesitábamos para algo.

Según creo recordar nos dijo que vivía cerca del tercer cinturón (esto puede equivaler en Beijing, a unos 15 o 20 Km. del centro). Con el tráfico que tiene la ciudad, calculamos alrededor de hora y media lo que tardaría en localizarnos, en caso de una urgencia. Las dos parejas mandamos otro hurra por la agencia de la mujer. Pero la cosa sigue....

Fuimos a la habitación, y nuestra sorpresa al ver la cuna donde debería dormir Judith. Era una cunita, para recién nacido. Por cierto Judith, oficialmente nació el 14.agosto.1997, mide 86 cm. (perdón, ahora ya 86,5 cm), pero la cama era muy justa. Llamé al servicio de habitaciones y me dijeron que no tenían cunas mas grandes; que en todo caso deberían de poner una cama mayor y como ya era tarde, que el cambio lo harían al día siguiente.

Realizamos la rutina del baño y la cena para Judith, sin mayor relevancia y bajamos al restaurante-buffet. Pedimos una sillita para la pequeña y nos trajeron el peor de los trastos que he visto en sillas para niños. Rota y sucia. Las camareras, sin ninguna alegría, salvo alguna excepción, intentaron arreglar con un bolígrafo como pasador para que se aguantara el reposapiés; cenamos como pudimos y volvimos a la habitación.

Judith estaba cambiando su actitud. Le gustaban los ascensores, subir y bajar en ellos le hacia gracia y aprovechamos para jugar con ella un buen rato.

En la habitación, tuvimos que proteger con almohadas la cunita, para que Judith no se diera golpes, puesto que, si bien cabía dentro, a la que intentaba darse la vuelta, se pegaba serios golpes con la barandilla.

Al día siguiente, Viernes 5.octubre, fuimos al Registro. Esta vez si, con el microbús.

Carmen sacó unos impresos y nos dijo que había que rellenarlos. Los burócratas, Nuria y yo, empezamos a hacerlo. Como el vaivén del coche no permitía una buena caligrafía, esperamos a llegar al destino. Llegamos a una oficinas, bastante sencillas, y Carmen se acerco al mostrador a hacer no se que trámites. Nuria y yo seguimos rellenando los datos, Alberto se quedo con Sara en las butacas de espera de la misma sala, y Esther se llevó a Judith a pasear con el cochecito por los alrededores, con la finalidad que estuviesen lo más separadas posible.

Seguimos rellenando formularios, hasta que tuvimos dudas sobre el temario. Nos acercamos a Carmen para preguntarla, y otra nueva sorpresa para nosotros: los formularios que estábamos intentando rellenar eran para entregar a LA EMBAJADA ESPAÑOLA, con lo cual no necesitábamos los documentos en aquel momento.

Realmente allí no nos necesitaban para nada, puesto que ni tan siquiera firmamos ningún documento. Solamente entregamos el certificado de abandono-adopción, i el libro de familia chino. Todavía hoy me pregunto porqué tuvimos que ir los seis. Se lo pregunté a Carmen y su respuesta todavía me sorprendió más: "... para hacer la visita a la Ciudad Prohibida...".

Nueva resignación de los cuatro. Las pequeñas, y en esto estuvimos de suerte, y sobre todo Judith, le encantaba subir al microbús, pero en seguida se dormía. Esto, por una parte nos favorecía el viaje, pero por otra representaba un autentico martirio el subir y bajar del coche, puesto que al moverla se despertaba con facilidad. Cada despertar también se convertía en un dramático suceso.

Llegamos a las puertas de la Ciudad Prohibida, Monumento entre monumentos (salvando la Gran muralla) de este gran país.

Para Esther y para mi significaba, desde hacía mucho tiempo, un anhelo maravilloso el poder pisar lo que siempre habíamos visto en cantidad de películas (recordar El último emperador, aunque, al parecer, en la película se trató de decorados), y en cantidad de fotografías y libros. Pues bien, nuestra mayor inquietud durante todo el recorrido, era acabar la visita lo mas pronto posible.

Judith refunfuñaba o lloraba a viva voz, nuestros amigos caminando por un lado, nosotros por el opuesto.... Carmen, esto si, empapada en materia, queriéndonos explicar la milenaria (y, en otras circunstancias interesantísima historia del sagrado lugar), pero nosotros solo queríamos calmar a nuestra hijita. Avanzábamos a marchas forzadas ante unas inmensas barreras arquitectónicas y sorteando numerosos grupos de visitantes.

La visita duró alrededor de dos horas. Luego regresamos al hotel. Pregunté por el cambio de cama y..., nueva sorpresa, en la habitación que teníamos no cabía una nueva cama. Si queríamos un supletorio, teníamos que hacer lo siguiente:

1º TENÍAMOS QUE CAMBIAR DE HABITACIÓN.

2ª TENÍAMOS QUE PAGAR UN SUPLEMENTO POR CAMA ADICIONAL.

¿Que tuvimos que hacer?, pues resignarnos de nuevo.

Mi adrenalina se agotaba. Cogí de lado a Carmen y le pedí por favor que no quería más sorpresas, que estaba dispuesto a cambiar de habitación tres pisos más arriba, labor que hice después de comer, yo solo, esperando todavía hoy que un mozo de maletas me viniese ayudar, mientras Esther y Judith esperaban impacientes en la nueva habitación donde en teoría debería de haber una camastro. No obstante, tuve que insistir y enseñar el recibo de que había pagado el suplemento para que, al fin, lo instalasen.

El resto del día transcurrió con cierta normalidad. Incluso nos permitimos salir los tres a pasear por el mercado que había instalado detrás del hotel, donde aprovechamos para adquirir recuerdos y utensilios de caligrafía china.

Por la noche nos acostamos bastante tranquilos, con el mismo ritual de cada día, de tener que acostarla esta vez sentada, puesto que en el camastro no había barrotes, teniendo que rodearla de almohadas para evitar una caída, preocupados pero con cierto optimismo, a pesar de los contratiempos, al ver a la pequeña se había comportado por la tarde mucho más tranquila que por la mañana.

Sábado 7 octubre.

Alberto tuvo que guardar cama, pues había cogido un gripazo. Llamó por teléfono y nos dijo que no venían a la excursión prevista: La Gran Muralla.

Judith, nuestra princesita, se levantó de muy buen humor, suponemos que el descubrimiento de libertad de movimientos durante la noche la dejó dormir y moverse a sus anchas. De hecho, cuando nosotros nos despertamos, ella seguía durmiendo con una postura entre girada, la cual nos provocó un gran susto al no ver a su cabecita sobre la almohada.

Repitiendo, los rituales de la mañana, vino Carmen y nos anunció que hoy, al ser sábado no habían trámites y por lo tanto el día se anunciaba tranquilo.

Con el microbús, Esther, Judith, Carmen y yo, nos trasladamos a la Gran Muralla.

Hacia frío y el día era gris. Carmen nos pregunto si preferíamos subirla a pie o con el teleférico preparado. La respuesta fue obvia: con el teleférico. El conductor aparcó el microbús en una gran explanada y luego tuvimos que coger un autobús público que conduce a la estación del aéreo.

Este día Judith estaba con un poco "mamitis", quería estar todo el rato en brazos de Esther. No aceptaba andar, excepto cuando Carmen se le acercaba y le decía alguna cosa, entonces solo quería ir con ella, rechazando también que la cogiera su mamá.

Conmigo, el papá, ignorancia total. Nuevo sufrimiento y angustias para nosotros. Del hecho de que rechazase a alguno de los dos, es del todo cierto que estábamos ya informados y preparados suficientemente, pero, amigos míos, una cosa es la teoría y otra encontrarte con el problema realmente............

Insistimos a Carmen que no hablase en chino a la niña, y esta vez nos hizo caso y estuvo todo el rato hablando su castellano precario.

Para los que vais a viajar os diré que esta monumental construcción la visitéis, si l@s criaturas están de buen humor, y quieren andar, o en su caso son suficientemente pequeñas para llevarlas en mochila. Sino, pasad de ella, o simplemente quedaros en el mirador. Es también una bella imagen.

Esther tuvo que llevar en brazos desde que bajamos del microbús hasta que regresamos con el teleférico a Judith, ascendiendo y descendiendo las empinadas rampas o escalones impracticables, sudando, a pesar del frío, lo que no había sudado en todo el viaje. Al dejar a Judith en el suelo para que andase un poco, la pequeña empezaba a llorar. También lloraba cuando quería a Carmen, En fin, un sufrimiento más y mayores ganas de marcharnos.

Ahora entiendo, que aquella acción, quizá, fue un buen síntoma. Creo que era una prueba para ver si su nueva mamá la quería realmente, pero, verdaderamente, no era un buen sitio para practicarla.

Yo tuve que ayudarlas algunas veces para que no resbalasen. Solamente andamos un pequeño tramo hasta que, Esther, exhausta dijo que ya no podía más. Carmen, nuestra insistente guía, quería que subiésemos arriba del todo del torreón, argumentado la magnifica vista desde allá arriba, explicando nuevamente la historia milenaria del sitio.

Estábamos realmente cansados, y la verdad no nos importaba, en aquel momento la historia, sobre todo a Esther. Propusimos regresar al hotel.

Comimos tarde, y salimos de visitas por los alrededores, visitando tiendas y los grandes almacenes, que no tienen nada que envidiar a los europeos. Por cierto, ¿alguien sabe el significado de una especie de tapa de alcantarillado, situada en la misma avenida, que esta vallada y siempre esta llena de mirones, sacando fotos?

Nuestra hijita estaba encantada, descubriendo nuevas sensaciones, luces, aglomeraciones. Nosotros, al verla así, también.

Le compramos plátanos y manzanas, pues le encantaban y se los comía con gusto. También le compramos su primera pulsera, la cual todavía luce hoy orgullosa.

No obstante nuestras sensaciones eran contradictoras. Nos preguntábamos, porqué por la mañana Judith estaba extraña, a veces distante, a veces "empalagosa" con Esther, y por la tarde tan contenta, incluso yo mismo pude jugar con ella encima de la cama con los globos hinchables. Algo estaba cambiando..........

El día acabó sin mayores consecuencias, con el ritual de la cena en el restaurante chino del hotel, pues se come a la carta y mejor atendido que en el buffet.

Al día siguiente, domingo, se apuntaron a la excursión al Palacio de Verano, nuestros amigos, con Alberto ya un poco mejor de salud.

Un bello sitio, pero también para realizarlo en otras circunstancias. Judith seguía comportándose de forma contradictoria. Excepto conmigo, a veces quería ir con Esther, a veces la ignoraba, a veces quería andar sola, a veces con Carmen. Nosotros, prudentemente seguíamos con la terapia de alejarnos por nuestra cuenta. De todas maneras esta mañana estuvo prácticamente dormida durante toda la visita.

La anécdota del día consistió en que cuando llegamos al hotel y subimos a la habitación la llave magnética (todos los hoteles en que estuvimos tienen este sistema) no abría la puerta.

Bajé a recepción y presenté mi queja. El jefe de recepcionistas me comunicó, intercambiando frases ambos en un inglés de estar muy por casa, que deberíamos de haber abandonado la habitación antes de las 12 horas, puesto que hoy finalizaba la reserva, y por eso habían bloqueado la llave, con nuestras cosas dentro de la habitación.

No podía creer lo que estaba escuchando. La adrenalina inundaba todo mi el cuerpo. ¿Donde estaba Carmen?. Furioso, me dispuse a llamarla por teléfono, hasta que, en el teléfono publico del hotel me la encontré, hablando en chino. Al parecer había llamado a la agencia. Parecía preocupada. Cuando colgó le conté lo sucedido y ella me respondió: "ningún problema, solucionado, yo he hablado con la agencia y ya está solucionado". Efectivamente nos dirigimos de nuevo a recepción y tuve la sorpresa agradable, que además de validar de nuevo la tarjeta-llave de la habitación, me devolvieron los 350 yuanes que había pagado de suplemento del cama de Judith. (Al fin algo salía a nuestro favor!!...).

Aunque la habitación estaba sin arreglar, nos conformamos con haber solucionado el "problemilla". El resto del día fue similar al anterior. Husmeamos más por la zona comercial, intentando encontrar comida infantil, al final compramos unos potitos chinos que nuestra pequeña aceptó bastante bien.

Lunes 8.octubre.1999

Quedaban solo dos días para volver a nuestra amada Barcelona, para empezar al fin una nueva etapa de nuestras vidas. Teníamos realmente ganas de volver.

Carmen, antes de partir con el microbús, no hizo sacar unas fotocopias del pasaporte y del visado, argumentando que nos las pedirían en la embajada española. Igualmente nos entregó el pasaporte chino de Judith.

Primeramente fuimos al registro donde Carmen recogió las actas notariales que habíamos dejado la anterior visita.

Este día pisamos la Embajada española y conocimos a Ana, una chica muy eficaz.

En la sala de espera había un busto del Rey. Me permití la broma de abrazarle como señal de mis anhelos de volver.

Seguimos el protocolo, Alberto se quedo con Sara paseando por el exterior de la embajada, Esther con Judith por el otro extremo, mientras Nuria y yo éramos los encargados de rellenar formularios. Con la ayuda de Ana acabamos en un momento.

Ambas parejas escogimos la formula mas completa: Que nos expidieran ya el libro de familia y el pasaporte español. (Por lo que he leído hoy en el e-mail de Belén ahora, por prudencia ya no se expide el pasaporte, lástima. A nosotros nos fue muy bien). Las fotocopias sirvieron gracias a la buena fe de Ana. Tuvimos, además que entregar las fotografías que nos quedaban de las niñas, de cuando eran bebés, puesto que nadie nos había advertido que había que sacar nuevas fotografías. Bajo un apercibimiento serio de Ana a Carmen a quien advirtió que avisase a su agencia que no admitiría una adopción más, en estas condiciones, y, por supuesto dijo que no admitía fotocopias del pasaporte.

De allí salimos bastante contentos, pues habíamos acabado el papeleo. Las peques se estaban comportando bastante bien paseando por el exterior, mirando los árboles, las flores y la gente, por supuesto por separado....

Como estábamos bastante animados no fuimos a dar una vuelta por el llamado "callejón de la seda", lugar donde es un mercadillo donde venden a muy buen precio ropa de vestir, aparentemente de primeras marcas y otras curiosidades. Visita aceptable y curiosa, si más no, si es que vais por allí. Por la tarde, otra visita, por libre, creo yo que obligada a los visitantes a Beijing, andamos casi una hora, con Judith en el carrito, pero mereció la pena: La mítica Plaza de Tianamen. Casualidades, llegamos a las 5 de la tarde, y había mucha gente, como si esperaran algún acontecimiento. De pronto sonó un cañonazo. Su estruendo espantó a Judith, a quien miramos pensando que iba a romper a llorar. A punto para salir corriendo, para no asustarla más, sonó el segundo cañonazo y Judith esbozó una sonrisa, al tercer echo una carcajada, y así hasta doce salvas, con la niña riendo a carcajada limpia, que retumbaron en la bajada de la bandera que ondea al centro de esta infinita plaza, con clásica foto de Mao.

Regresamos al hotel, para acabar el día cenando de nuevo en el restaurante chino.

Martes día 9.

Un día para el regreso. Empezamos mal. Carmen nos comunica que como nos habíamos "quejado tanto" (sic), de que el hotel era sucio, la agencia había decidido cambiarnos de residencia. ¡¡¡¡POR UNA NOCHE!!!, Yo estallé de ira, le dije a Carmen que, aunque sintiéndolo por ella, me iba a quejar a nuestra agencia (Genus), puesto que no se trataba de un simple traslado de habitación, que ya habíamos sufrido, sino que ahora por si fuera poco y por una sola noche deberíamos de hacer las maletas, cargarlas de nuevo hasta un nuevo hotel. Y encima solo teníamos 40 minutos para hacer todo el equipaje.

Los que habéis viajado ya sabéis como se organiza en la habitación el equipaje, un verdadero caos. No obstante, ojalá, nos hubiesen llevado a ese hotel el primer día. Se trata del llamado CENTRO DE LA MUJER, hotel inaugurado en 1995, año internacional de la mujer para celebrar las jornadas que se desarrollaron. Un hotel muy bien preparado para acoger parejas con niños pequeños. Habitaciones amplias, cunas para todas las edades, sillitas bien conservadas en el restaurante. (Tomad nota, futuros padres).

Para llegar a este hotel el conductor tuvo que dar infinitas vueltas por callejones inhóspitos de la Ciudad, puesto que se ve que para circular por la avenida, hay que pagar una especie de peaje, que, evidentemente, la agencia no estaba dispuesto a pagar.

Instalados ya en el que iba a ser nuestra última "casa" en china, comimos y realizamos también la definitiva visita turística: El Templo del Cielo.

Por aquellas circunstancias de la vida, observamos a Judith con una predisposición a caminar y a jugar, sobretodo con Esther. Estaba de buen humor. Parecía que notase que alguna cosa nueva estaba por ocurrirle, en verdad, la pequeña estaba cambiando, reía encantada. Por descontado que todavía con papá no quería saber nada.

Las ganas de volver, nos hicieron que no disfrutáramos tampoco, de aquella excursión Tan solo deseábamos que las horas pasasen rápidamente.

De nuevo en el hotel, preparamos el equipaje para el regreso. Yo me fui a unos grandes almacenes para comprar algunos potitos para el viaje, así como Chupa Chups y algo de fruta.

Al regresar Judith ya había cenado. Nosotros ni tan siquiera bajamos al restaurante. Pedimos que nos trajesen a la habitación una hamburguesa con patatas, y esta fue nuestra ultima cena. Yo, antes de partir hacia China, me había imaginado una ultima noche más nostálgica, pero la realidad era que VOLVÍAMOS A CASA.

Nos despertamos temprano, ya con las maletas prácticamente cerradas, desayunamos en el bufete y al fin apareció Carmen. Liquidamos cuentas en el hotel y nos dispusimos a subir por ultima vez al microbús.

Mientras cargábamos las maletas, mantuvimos una conversación con Carmen. Nos confesó que, en algunos momentos se había sentido desbordada con los problemas que nos habíamos encontrado. Había incluso hablado con su agencia para que nos cambiasen de guía, al encontrarse realmente impotente ante esta magnitud de contrariedades, por no saber como tratar a las pequeñas y esto la había agobiado durante todo el proceso. Obviamente los jefes de Carmen se negaron.

Ya de camino al aeropuerto, nos pidió perdón por todos lo fallos cometidos y por su mal español, declarándonos el cariño que nos había cogido y de la envidia que tenia de las niñas, porqué iban a una vida mejor (ella intenta, todavía, por todos los medios venir a España, pero ni puede económicamente, ni le sería fácil obtener el visado) y nos obsequió con una bella canción china (Carmen realmente canta muy bien), que hablaba de la amistad. Todavía hoy la recuerdo con los ojos llorosos. Reafirmamos que las personas, en todo el mundo, tenemos y creamos sentimientos que, si los supiéramos aprovecharlos, el mundo seria mucho mejor.

En el aeropuerto, pagamos las correspondientes tasas, y nos despedimos de aquella mujer a quien a pesar de los pesares, todos la queríamos. Quizá sea por el hecho que nuestra hija también la quiso.........

De viaje de regreso, transcurrió con nuevos retrasos en Frankfurt. Las niñas durmieron prácticamente las 10 horas que nos duró el viaje hasta la ciudad alemana.

Igualmente Judith durmió hasta Barcelona. Este ultimo salto se me hizo eterno.

Llegamos sobre las 7 de la tarde hora local, lo que significaba la 12 de la madrugada en nuestro cuerpo. Cansados, reventados, recogimos el equipaje.

Esperándonos impacientes estaban las familias de ambas parejas, y, como no!!!!!! nuestros grandes amigos y compañeros en todo el recorrido de la adopción con sus hijitas, y a quien les debemos todo su apoyo: Santi y Neus, padres Sara, Charo y Juan Carlos padres de Mar, y Elvira (tan solo faltó su marido Vicente, pero sabemos que su corazón estaba también allí), padres de María Elvira, todas ellas preciosas criaturas chinas.

A ellos debemos todo el arropamiento y el calor de unas grandes personas y a quienes estaremos agradecidos para siempre.

Los abrazos y lágrimas fueron los protagonistas del encuentro. Emoción inenarrable, por fin en casa.

Agotados nos trasladamos a nuestro domicilio en Castellar del Vallés, no sin antes despedirnos, especialmente de Núria y Alberto, enormes almas compañeras de fatigas.

Llegamos a casa con Judith dormida y sin desvestirla la acostamos en su nueva cuna, no quisimos despertarla, pues ella estaba aún más cansada que nosotros. A las 2 de la madrugada, hora de aquí, un llanto desconsolador nos despertó. Para Judith era ya de mañana y tocaba levantarse...... PERO ESTA YA ES OTRA HISTORIA........................................................................

Salvador. Diciembre 1999

EPILOGO 

Estimados amig@s: Cuando me planteé explicar la historia de nuestro viaje a buscar a nuestra hija Judith, no sabia la aceptación que tendría, puesto que cada uno de vosotros habéis vivido o viviréis historias diferentes y merecedoras de ser contadas.

Tampoco me imaginé la cantidad de felicitaciones que he recibido animándome a seguir, cosa que con todo el agrado del mundo, he procurado hacer a medida que mis obligaciones me lo permitían.

Tampoco creía que me extendería tanto, todo y que al releer mi propio relato, me he dado cuenta que he olvidado multitud de detalles que fueron importantes, en su día, como el encuentro con otras familias adoptantes españolas en el "Callejón de la Seda" o el día que nos volvimos a encontrar en la embajada con estas familias, así como el volver a la embajada para recoger los pasaportes, anécdotas que sucedieron pero se me olvidaron al escribir, porqué me he dado cuenta de que, a medida que iba escribiendo, dejaba ya de pensar con la cabeza que es lo que quería escribir y las palabras iban brotando directamente de mi corazón.

Así es, amigos míos, cada uno de los relatos ha pretendido explicar sentimientos, mejor o peor contados, y para que sirvan para el fin que cada uno quiera, pero sabiendo que han sido redactados con lo más profundo de mi corazón.

No obstante quiero hacer unas rectificaciones, dado que rectificar,……: en mi primera entrega decía que "había sido un viaje para olvidar". Rectifico: quiero recordarlo para siempre, porqué a medida que ha ido pasando el tiempo, y ya llevamos siete semanas del regreso, la evolución de Judith es maravillosa. Confieso que hasta hace muy poco no me identifiqué en ningún momento como padre de la pequeña; quizá me sentía el responsable y protector, la quería, pero no la amaba. Esto ha cambiado. La amo como a nada en este mundo. Es fantástico. Por eso quiero recordar y quiero transmitir a quienes os encontréis con situaciones difíciles, el sentir que Rafael Bonacasa transmitía en su mensaje:

.....PERO LLEGA "LO BUENO" Y lo bueno, lo positivo es que... de peor a mejor siempre se avanza..... (sic).

Y también para nosotros, que nos hemos ido situando, ahora puedo afirmar que me siento el papá de esta pequeña, con todas sus consecuencias.

También, deciros que cuando nos asignaron a Judith, a parte de la alegría que se experimenta, nosotros negábamos aquellas afirmaciones que alguno de vosotros habrá tenido que escuchar, como "esta niña les ha tocado la lotería", pues, si bien a Judith no le ha tocado el gordo, a nosotros/vosotros papás y mamás o futuros si que podemos decir que, a pesar de los pesares, nos ha sido dado un gran bien del cual no hay nada en el mundo que se le iguale.

Igualmente, me he prometido, que cuando pueda volveré a aquel hermoso país, con Esther y Judith, por supuesto, y en concreto a Beijing, para disfrutar lo que no pudimos hacerlo durante nuestra estancia.

El titulo de la historia no lo elegí al azar, es una pura verdad, estoy aquí ENTRE VOSOTROS, para lo que me necesitéis.

He recibido mensajes haciéndome preguntas, de las cuales procuraré contestar personalmente.

Y finalmente quiero pedir a cada uno de vosotros que deis un beso de mi parte a cada un@ de vuestr@s pequeñ@s, y que, algún día podamos contarles los recuerdos de los hechos que un día sucedieron y que luego ya serán historia.

Infinitas gracias, ahora me toca "escucharos" a vosotros.

FELIZ AÑO A TODOS, (que seguro lo será).

Salvador Prat i Viñas Esther Baró Martínez 

Si quieres comentarme algo dímelo a mi e-mail

Pequeño Álbum de Fotos (AL FINAL MERECE LA PENA)

La Familia en la Playa

Evidente evolución

Nuestra Hija

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