Viaje de Imma

 

Nota aclaratoria de la autora: Este relato, adecuadamente comprimido y adaptado por Cheroky, fue escrito y enviado a la lista ADOPINT en forma de mensajes que, algunos de ellos, respondían a preguntas que me hacían otros miembros de la lista. Esto explica su contenido algo informal. Empecé a enviarlos a los dos días de nuestra llegada, en pleno “jet lag” y aún demasiado atrapadas en las emociones para poder valorar nuestras vivencias con perspectiva. Más tarde, he recordado detalles y matices que, entonces, me pasaron desapercibidos, pero respetaré el texto original. También, desde entonces, se han producido grandes cambios (aeropuerto de Beijing, Registro de Changsha, Embajada de España, burocracia...).


 (Foto de la asignación)

 Parte 1 (14.09.99/12:24 h):

Aïna-Youxiang y su nueva mamá, Imma, llegamos el Domingo, 12 de septiembre de 1999, a Barcelona, en un largo día de casi 24 horas de sol. Puedo deciros que el cambio de horario nos ha afectado más de lo que yo esperaba. Estamos cansadas, multiestimuladas, nerviosas y no conseguimos descansar. He creado una lista de espera para las visitas pero no hay quien las contenga. Vivimos un momento largamente esperado por mucha gente y es natural que quieran conocer a mi hijita.

Es preciosa. Cuando me la trajeron al Registro de Changsha (Hunan) no se parecía en nada a la niña de la foto. Pesaba nueve Kg. y no se tenia en pié. Me la traían sin braguitas, con una camiseta y un pantalón viejos, sucios, malolientes y unas chanclas de plástico viejas y gastadas, mucho más grandes del número que calzaba. Traía las fosas nasales llenas de una mucosidad espesa que no le permitía respirar bien. La piel de todo su cuerpo se descamaba de sequedad y, después de bañarla dos veces al día, aún no he podido limpiarle la suciedad que tiene acumulada bajo las uñas de los pies.

Limpié bien su nariz con suero fisiológico, lavé e hidraté su piel (que engullía las cremas y aceites con avidez) y he hecho lo posible por ofrecerle una dieta equilibrada. Solamente mantiene aquella descamación en el cuero cabelludo, donde no me atrevo a ponerle cremas. Esperaré a tener las indicaciones del pediatra. En dos días hizo un cambio total. Tengo el testimonio de las fotos que le hicieron en el Registro y que le hice para el pasaporte. ¡Ah!, Aïna ha sido la primera niña que sale de China con pasaporte español.

Veo en los mensajes llegados que ha habido dos asignaciones en Hunan. Creo que es una buena provincia. En los siguientes mensajes os daré detalles y explicaciones de mi experiencia personal que os puedan ser útiles.

En el Registro coincidí con un grupo de españoles que viajaban con ACI.

No vi ningún español mas, ni siquiera en la Embajada (a parte del Cónsul y Ascensión) hasta el último día, que encontré a un valenciano con quien pude intercambiar algunas palabras en mi idioma. Ya me había acostumbrado a pensar en inglés. En los hoteles, no encontré ningún occidental, a parte de una pareja mayor de norteamericanos.

Todo el personal de los hoteles habla inglés (sui generis) y también en las tiendas importantes. De todas maneras, los guías llevan teléfono móvil y, si les necesitas, los puedes localizar.

Parte 2 (15.09.99/12:04 h):

Sí, Macarena, inscribí a Aïna en el Registro Civil de la Embajada y dejé allá mi Fe de Vida y Estado Civil para que me hagan el Libro de Familia, que me enviarán dentro de unos meses. No pregunté nada porqué estaba muy aturdida. Fue todo muy rápido y mucho papeleo.

Tuve la ayuda impagable de los guías del WOMEN'S TRAVEL SERVICE que se encargó de coordinar y organizar todos los trámites.

Confieso que, al llegar al aeropuerto de Pekín (enorme), me sentí algo desolada, hasta que encontré a Inés (mi guía de Beijing), en la salida. Me entregó los billetes de ida y vuelta a Changsha (capital de Hunan) y tuve la brillante idea de pedirle que reservara el de venida a España de la niña porqué no encontramos plaza hasta el día antes de nuestra partida.

En la cola para embarcar el equipaje conocí a un profesor universitario chino que hablaba inglés. Fue un hallazgo afortunado porqué el aeropuerto de Beijing está mal señalizado, el personal solo habla chino y no se conoce con certeza la puerta de embarque hasta el último momento, comunicándose los cambios por megafonía, en chino.

En el aeropuerto de Changsha me esperaba Pedro, un chino de 1.85 m, con mi nombre escrito en una pancarta, mi nuevo guía, que había aprendido algo de español haciendo en México un master de epidemiología. Cogió mi equipaje y lo metió en el portaequipajes de un automóvil grande con cristales ahumados, con la ayuda del chofer, otro chino más corpulento. Por unos instantes, me pregunté cómo podía saber yo si no me estarían secuestrando un par de mafiosos que me sabían portadora de 1.500.000 ptas. Me acompañaron al hotel y Pedro me dejó anotado su número de teléfono, por si necesitaba algo. Le pedí que, al salir, encargara en Recepción del hotel que me subieran algo ligero de cena a las 18 h. porqué me quería acostar temprano. A las 19 h. me interesé por la cena y me la subieron a las 21. Después puse el cartel de que no me molestaran y dormí como una lirona hasta las 7 del día siguiente.

A las 8 h., el guía me recogió en el hotel para ir a Zhuzhou a recoger a Youxiang, pero pensó que sería mejor pasar antes por el Registro. Allí nos pidieron una foto de la niña y, como no la teníamos, llamaron al orfanato para que trajeran la niña. Tres horas más tarde llegó un repartidor a sellar el recibo de entrega y, seguidamente, entró una señorita con mi niña en brazos. Casi no la reconocí. Estaba delgadísima, sucia, mal vestida... Alguien le ofreció unas galletas que ella aceptó y comió con voracidad. Enseguida le empezaron a salir ronchas de urticaria por todo el cuerpo. Cuando la bañaba le volvían a salir y cada vez de comía cualquier cosa, fuera del tipo que fuera. Lo achaqué al estrés. Sin duda, estaba viviendo una tensión emocional muy fuerte. Efectivamente, mejoró a los tres días. Por la tarde tuvimos que ir a Zhuzhou a efectuar el donativo y realizar el acta notarial. Aunque los dólares estaban en buen estado, rechazaron un par de billetes mas usados que el resto y los tuve que cambiar (por suerte, había sido prevenida por la lista).

Parte 3 (15.09.99/12:59 h):

Ningún problema, Mari Carmen. Además, tu ya debes saber que las personas acostumbradas a vivir solas o a autogestionar nuestra vida hiperdesarrollamos unos recursos que nos capacitan para desenvolvernos de forma autónoma. Esto no quiere
decir que seamos mas fuertes ni más inteligentes, quizás si algo más resistentes y entrenados. No he tenido ningún tipo de problema por el hecho de viajar sola, a parte de algún momento de soledad a causa de la incomunicación por el problema del idioma pues mi inglés no es muy fluido y el de los chinos tampoco. Con los guías no pude tener largas conversaciones porque también se expresaban con bastante dificultad y, a menudo, me daba cuenta de que no habían entendido mi pregunta porqué me respondían con un constante "aá" a cualquier cosa. Con quien más hable fue con el profesor universitario que me acompañó desde la cola de embarque hasta la puerta del avión de Changsha, en el aeropuerto de Beijing. En la Embajada también conversé un buen rato con Ascensión y con el Sr.Cónsul, D. León de la Torre.

Tampoco tuve demasiado tiempo de echar en falta la comunicación. Mi odisea duró tan solo una semana, creo que he batido el récord. Tuve la ventaja de que mi hija es bastante mayor (34 meses) y, por tanto, no
necesitaba una atención constante. Quizás, si se hubiera tratado de un bebé, yo hubiera necesitado la colaboración de alguien. Sí que se me hizo un poco pesada la visita al Palacio de Verano porqué la niña se cansó de caminar y la tuve que llevar en brazos un buen trecho. Anulé otra visita que teníamos organizada al Palacio Imperial porqué preferí acudir a comprarle ropita y cosas que le hacían falta.

Pero aceptamos visitar la Gran Muralla, aunque subimos en funicular, porqué quise que ella tomara contacto directo con el gran símbolo de su cultura. Tenía la intención de comprarle la sillita de paseo allí pero, a parte de ser muy caras, no me gustaron. Allá, el material "made in China" es aún peor del que exportan y solo existe como alternativa el "made in Japan" que es carísimo. No olvidemos que el yuan depende del dólar y éste ha subido. En Changsha vi una sillita muy sencilla por unas 18.000 Ptas. (de las que aquí se encuentran por 10.000) pero solo admitían tarjetas de crédito de los
chinos. Me dijeron que en las Friendship Shop de Beijing sí que las aceptaban de extranjeros. Pero me encontré con la sorpresa de que en Pekín costaba el doble.
Los guías son muy atentos y estoy segura de que, si les hubiera pedido ayuda, me la hubieran brindado. De hecho, la guía de Pekín me dio, incluso, el número de su teléfono móvil para cualquier emergencia. Lo único que encontré a faltar fue un poco de información sobre las características de los lugares visitados. Quizás los guías daban por sentado que el motivo de mi viaje no era de interés turístico o que ya conocía todo
lo relacionado con sus tradiciones y cultura. De todas maneras, en el Palacio de Verano, encontramos un montón de carteles explicando en inglés la historia de cada rincón.
No creo que deba atemorizarte el hecho de viajar sola. Pero, si encuentras a algún amigo o familiar dispuesto a aguantar el ritmo del papeleo y nerviosismo y acompañarte, te puede resultar más gratificante. Siempre se disfrutan más los buenos momentos al ser compartidos.

Parte 4 (15.09.99/16:14 h):

En vez de responder particularmente a las preguntas que me hacéis, intentaré incluir las respuestas en mi relato general. Hace días salió el tema del coste. Confirmo que Li Li cobra 100 U.S. $ por persona y día, aunque me dijo que, por pedir guía español, me cobraría el doble y que este precio incluye la estancia en el hotel (con desayuno), los guías, traslados dentro del país y tasas de aeropuerto. Hay que pagar, aparte, los gastos extra de comidas, lavandería, llamadas telefónicas, así como legalizaciones, timbres, trámites, registro, fotos, notarios, etc. Los honorarios de Li Li se pagan antes de emprender el viaje, mediante transferencia bancaria, lo cual nos ahorra tener que salir con este dinero. En el Hotel HUA TIAN de Changsha hay caja fuerte con combinación en las habitaciones, donde se pueden depositar los dólares hasta el momento de efectuar el donativo y pago de notario.

Este hotel está muy bien y el trato es excelente. Además, es bastante nuevo. Me gustó menos el Beijing Internacional de Pekín porqué aún siendo también *****, se ve algo decadente. Parece como si lo hubieran construido muy deprisa, con materiales sencillos que se deterioraron con rapidez y que no se ha hecho mantenimiento. El personal es menos atento, en general.

En la mayoría de hoteles hay tiendas donde puedes adquirir casi de todo, especialmente recuerdos, antigüedades, artesanía... pero es mejor salir en busca de una Friendship Shop (una especie de El Corte Inglés). Hay muchísimas y te atienden en inglés. Los precios no son mucho mas caros que en los pequeños comercios chinos.

Hubo algunos detalles curiosos que me llamaron la atención:

·         Los cuidados de los chinos por evitar el sol. Especialmente en Hunan, la mayoría de transeúntes pasean con grandes paraguas abiertos, aunque no luzca un sol espléndido. Es como una especie de hábito.

·         La invasión de las calzadas por los peatones, incluso en las autopistas. Nadie se extraña de ver a un chino cruzando la autopista, tranquilamente. Yendo hacia Zhuzhou, encontramos bastantes personas sentadas en el suelo del carril lento.

·         La forma de conducir los vehículos. Aunque conducen despacio, con prudencia, sorteando a peatones y ciclistas, no se respetan los sentidos de circulación. Ni siquiera hay carriles delimitados. Si el sentido de circulación está lleno, se invade el inverso y los que circulan en el otro pueden ocupar el tuyo, como si nos encontráramos en la Gran Bretaña.

·         El transporte al hombro tan peculiar, incluso de materiales de construcción en una carretera. Fue un espectáculo increíble, ver a contraluz la construcción de una especie de autovía y una larga hilera de chinos cargados, con sus sombreros cónicos... Primero pensé que se trataba del rodaje de alguna película. Después descubrí que era algo corriente y habitual, que ni siquiera llamaba la atención.

·         La multitud de rascacielos que hay en el centro de Pekín que te hace dudar de si te encuentras en Manhattan... y alguna chocita mísera, intercalada, con ropas humildes tendidas en la puerta y un niño con pantalones divididos, en el suelo.

 Parte 5 (16.09.99/06:20 h):

Aprovecho mi desfase horario y el descanso de Aïna-Youxiang para seguiros contando. No sé si tenían intención de entregarme la niña en el Registro o si la trajeron para hacerle la foto,  que necesitaban porqué, después de tranquilizarla con una canción de cuna y ver como engullía galletas con avidez, me la dejaron llevar al hotel para ir después al orfanato a efectuar la recepción oficial.

Yo sentía curiosidad por ver el entorno que había conocido mi hija pero temía su reacción al reencontrarse allí. Cuando llegamos, estaba desértico. El orfanato de Zhuzhou es grande y consta de varios pabellones nuevos en una zona ajardinada, bien cuidada. Nos dirigimos a uno de ellos, seguidos por un interno de unos 25 años, deficiente mental. El guía nos dejó con él en un pasillo y desapareció bastante rato. Yo aproveché para explorar el lugar. Las habitaciones con ventanas a este pasillo estaban todas ocupadas por una cama vacía, sin colchón ni lencería. Al fondo apareció una señora mayor que reconoció a Youxiang. Me dirigí hacia ella con la esperanza de que fuera su cuidadora y poder observar la relación entre las dos. Piropeó y halagó a la niña por su nuevo aspecto pero ella se escondía, asustada, detrás de mi. En una de las habitaciones vi a otra mujer con bata blanca, atendiendo a un niño indiferente sobre una camilla.

Entonces regresó mi guía con un grupo de adultos jóvenes que abrieron con llaves una sala llena de mesas de madera noble maciza y sofás de piel. Nos acomodamos los tres en uno de los sofás y el grupo en otro del lado opuesto. Entonces empezaron a desfilar algunos trabajadores de la institución como para saludar a la niña o despedirse de ella. Aïna se mantuvo indiferente, pegada a mi. El guía me dijo que ya podía entregar el donativo a una de las jóvenes y después apareció una señora que me sometió a un interrogatorio en chino. Mientras el guía me lo traducía, me informó de que era la notario y, hacia el final, apareció un señor que se había retrasado y supe que también era el notario. Me entregaron el acta notarial por triplicado y el guía me recitó en tono solemne: "A partir de este momento, Guo Youxiang tu hija y tu deber tratar como hija, no matarla y alimentar".

 Mientras duró todo el proceso, estuvieron en otra mesa un grupito de niños aseados y bien vestidos girando alrededor de una bolsa de frutos secos, como satélites. Destacaban dos niñas guapísimas, de unos 6 y 12 años, que no conocían a Aïna y adoptaban una actitud pasota y desafiante. El resto eran niños deficientes físicos o psíquicos.

Antes de marcharnos, pregunté por la cuidadora de Youxiang, con insistencia. Me hubiera gustado saber detalles de ella, qué comía, sus hábitos y gustos..., pero el guía se extrañó de mi pregunta y no supo qué responderme, como si no hubiera comprendido la pregunta y no lo quisiera reconocer.

Se levantaron todos para bajar a acompañarnos hasta el coche. Tendí la mano hacia la niña para ayudarla a bajar del sofá y ella escondió la suya a la espalda, en ademán de no quererme acompañar. Entonces apareció un nuevo personaje, un señor mayor, bien vestido, que le hizo un discurso en chino. La niña lo escuchó con interés y yo no me perdí detalle de la escena, pasivamente. Cuando el hombre acabó su disertación, Aïna me alargó su manita y nos marchamos felices.

Antes de entrar en el coche, me permití saludarlos al estilo occidental, estrechando sus manos y pronunciando un tímido "xie-xie". A lo cual, todos ellos respondieron de igual forma.

Insistieron mucho en saber, tanto en el Registro como en el orfanato y el notario por qué había elegido china y no cualquier otro país.


 

(Foto efectuada por el Jefe del Registro en el momento de la entrega)

En este punto se interrumpió mi relato para dar paso a una serie de discusiones en la lista sobre el proceso, los trámites y gestiones que polarizaron todo el interés de sus miembros. Pero sirvió un poco de estímulo para que otras familias elaboraran el relato de sus experiencias, más completos y amenos, repletos de consejos y emociones, que han ayudado a soportar esperas y han servido de guía y orientación para las familias que venían detrás. Ojalá no se rompa la cadena.

De alguna manera, este breve relato de mi viaje se amplía en la “Crónica de una integración”, también recogida por Cheroky en su web.

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