
Ahora que Marga Hui Yao duerme, me pongo a escribir. Hace dos horas, cuando llegué a casa, ella estaba a punto de cenar, al verla el corazón me ha dado un vuelco, ha empezado a reírse y a moverse con expresión de felicidad y mientras cenaba me buscaba por todas partes. Al terminar, hemos jugado en su cuna y luego, como el que no quiere la cosa, se ha puesto el chupete en la boca y se ha quedado profundamente dormida.
Recuerdo todo el camino recorrido (a la vez tan lejos y tan cerca), desde el uno de septiembre de 1998 en que Gemma (mi mujer) se dirigió al "Institut Català per l'Acolliment i l'Adopción" (ICAA), para solicitar la adopción internacional de uno o dos niños/as chinos.
Con anterioridad, habíamos ido a una reunión informativa en grupo al ICAA con los Psicólogos y Asistentes Sociales de este instituto, dependiente del "Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya". Más que de una reunión informativa se trató de una reunión desmotivadora, en la que sólo nos presentaron las cosas negativas del proceso y de la posterior adopción. A pesar de esto, y no sin haberlo meditado mucho, decidimos iniciar el proceso.
A partir de aquí, empezamos todo un recorrido de Psicólogos y Asistentes Sociales, tanto en grupo como en pareja, en busca del ansiado Certificado de Idoneidad. Mentiría si dijera que en ningún momento tuvimos dudas, ni miedos, por la responsabilidad que íbamos cogiendo y por el hecho de que no nos consideraran idóneos. La verdad es que el trato fue exquisito y que en diciembre ya sabíamos que el informe era favorable, a pesar de que el certificado no lo recibimos de la ICAA hasta finales del mes de febrero.
Había llegado el momento de correr, teníamos que conseguir las legalizaciones, los certificados, etc..., lo más pronto posible y a principios de marzo ya lo teníamos todo preparado para enviar al Centro de Adopciones Chino (CCAA).Entonces se produjo lo que podríamos decir "una parada técnica" en Madrid, que hizo el expediente no se registrará en el CCAA hasta el 29 de abril. Después vinieron siete meses de espera prácticamente sin ninguna información, durante los cuales manteníamos las esperanzas gracias a una lista (adopint) de correo de internet y a los encuentros organizados por la AFAC (Asociación de Familias Adoptantes en China).
Y llegó el 19 de noviembre, una llamada telefónica me anunciaba que estaba a punto de recibir un fax del CCAA con la fotografía y los datos de mi hija (las contracciones habían empezado, este es un parto en que las notamos los dos). Con una emoción fuertemente contenida fui corriendo a avisar a las compañeras de Secretaría, de que llegaría un fax en chino; unos minutos después lo recibía y la noticia corrió como la pólvora. Nunca agradeceré lo suficiente a mis compañeros como se unieron a mi alegría. No me lo podía creer, era una niña de seis meses, preciosa, de ojos y mirada profunda, a la que ya sentía como mía antes de conocerla. ¡Imaginad en aquel momento!
En ese instante, iniciamos una carrera para poder tenerla con nosotros lo antes posible. No sin problemas, desde la asociación española que en Madrid nos legalizó la documentación y la envió a China (la parada técnica de antes), para forzar que realizáramos el viaje con ellos, llegando al punto de haber contactado directamente con la agencia del CCAA para poder viajar. El día 24 a las cuatro de la madrugada, Roberto y María nuestros compañeros de viaje, recibieron, un email desde China, en el cual ponía en castellano y con unas letras muy grandes "LLAMAME" y un número de teléfono chino, llamaron y al otro lado pudieron hablar con una con una persona (Lee Fei, para nosotros Osvaldo) que con un perfecto castellano les dijo, que la Sra. Directora decía, que fuésemos y que ya se resolverían los problemas en China. El día 25 comenzaron las Navidades más maravillosas e importantes de nuestra vida.
Todo parecía muy fácil, así que para empezar, cuando íbamos a facturar las maletas nos llamaron para informarnos de que el vuelo París-Pekín había quedado suspendido. Empezar a negociar, sacar las fotos de las niñas (viajábamos dos familias juntas que nos habíamos conocido por internet) y, ¡milagro!, lo que diez minutos antes parecía imposible, ahora era posible. El avión que iba a Frankfurt (estaba a punto de salir) no cerró el embarque hasta que no facturamos las maletas y subimos al avión. Cuando llegáramos tendríamos 40 minutos para recorrer el aeropuerto, pasar los controles y subir al avión que nos llevaría a Pekín.
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