
Al llegar a Francfort a penas teníamos media hora para recorrer todo el aeropuerto, pasar los controles de los pasaportes y embarcar. Cuando llegamos a la terminal de nuestro vuelo, el pasaje ya estaba subiendo al avión, nos pidieron los pasaportes junto con las cartas de embarque y comprobaron los visados.
En el avión de "Air China" me sorprendió observar que, a pesar de que no había ningún asiento libre, nosotros teníamos los cuatro juntos.
El viaje fue bien, incluso, podríamos decir que paso rápido, quizás por aquella mezcla de nervios, inquietudes, esperanzas, miedos y alegrías, que teníamos. No obstante (mi mujer siempre dice que tengo la sangre de horchata), yo pude dormir un poco durante las once horas de vuelo hasta Pekín.
Durante el vuelo, nos dieron una serie de impresos para rellenar, el único que nos pidieron en el control de pasaportes fue la declaración de salud.
Eran las once de la mañana,
hora de China, y habíamos llegado media hora antes de lo previsto, al salir no había
ninguna persona esperándonos. Ningún problema, habíamos llegado antes de la hora
prevista. Los minutos pasaban y con ellos los nervios crecían, era la hora y nadie
aparecía. En ese momento, Roberto, el padre de la otra niña, Paloma, sacó su móvil y
llamó al número de contacto que nos habían facilitado antes de salir, fantástico, al
otro lado había una persona muy educada que repetía cuatro palabras memorizadas en
inglés, pero que hablaba chino. La reacción fue inmediata, nos convertimos en cuatro
sacos de nervios con patas que deambulaban por el aeropuerto a la caza y captura de
nuestros interlocutores o de alguien que nos pudiera ayudar. De repente vimos a tres
personas [una administrativa, la directora y Osvaldo (nuestro intérprete en Pequín)] con
dos cochecitos de niño pequeño que entraban corriendo en la terminal, una alegría
inmensa nos inundó, no sólo estaban aquí, si no que también tendríamos a nuestras
hijas, los cochecitos los delataban.
Nos llevaron a comer a un restaurante del aeropuerto y, después de hacernos sufrir un
poco, la Sra. Directora nos dijo que nos iríamos enseguida hacia Chengdú, la ciudad de
nuestras hijas, donde nos estarían esperando una responsable y una intérprete desplazada
a propósito desde otra provincia.
Al llegar, nos estaban esperando y nos llevaron hacia el Hotel. Durante el viaje, tanto
Roberto como Gemma insistieron reiteradamente en saber que cuando podríamos ver a las
niñas, sin obtener una respuesta demasiado convincente.
Hicimos los trámites de registro en el Hotel y cuando ya nos retirábamos a las
habitaciones, nuestra intérprete nos dijo que al día siguiente estuviéramos muy
puntuales a las 9:30h en la recepción, ya que nos traerían a nuestras hijas.
Por la noche salimos a dar un paseo por la ciudad, queríamos empaparnos del lugar donde
habían nacido nuestras hijas. Fue un paseo decepcionante en este aspecto, se trata de una
ciudad oscura, atrasada y con unos fuertes contrastes. Pero plenamente gratificante en
otro aspecto, las dos familias nos empezamos a abrir la una a la otra y comenzamos a
generar un vínculo que se ha ido fortaleciendo con el tiempo.
A la mañana siguiente, una hora antes, las dos madres ya estaban ante la gran cristalera
que daba acceso a la recepción del Hotel, los nervios iban en aumento y el cerebro
luchaba para mantener controladas las emociones. Pasó una hora, para mi mujer la hora
más larga de su vida, y llegaron las niñas acompañadas por nuestra intérprete y la
directora del orfanato. Al recibirlas, las emociones se podían respirar en el aire y como
pudimos, las contuvimos, queríamos evitar cualquier tipo de rechazo, cualquier tipo de
miedo que pudiéramos generar con nuestra manera de actuar. Las dos reaccionaron de forma
muy diferente: mientras que Paloma reía y lloraba de forma alternativa, Marga nos miraba
con esos ojos grandes y expresivos que nos habían sorprendido en la primera foto que
recibimos de ella, parecía que nos estuviera analizando, antes de darnos el aprobado
definitivo.
Mientras los padres íbamos rellenando la documentación para el Registro Civil chino, las
dos madres se iban haciendo con las niñas. Cuando terminamos, nuestra intérprete nos
pidió que subiéramos a las habitaciones, que haría que nos trajeran la comida y que, si
era posible no estuviéramos demasiado rato juntos hasta la cena. Fue una gran idea,
aunque las dos niñas continuasen con su actitud, sabrían muy bien, desde ese día,
quiénes eran sus padres.
Marga comía y dormía muy bien (a veces con un ojo entreabierto), siguiendo como un reloj
los horarios nos habían dicho que hacía.
Al día siguiente fuimos al Registro Civil, mientras estábamos en la sala de espera, la
directora del orfanato se acercó y llamó a Marga por su nombre chino, Hui Yao, Marga
levantó la cabeza y la miró, se giró y se agarró con fuerza a mi mujer. Es muy
difícil expresar la intensidad de ese momento, lo que llegamos a sentir fue increíble.
A pesar de esto, continuaba prácticamente inexpresiva, controlando todo lo que hacíamos,
con esa mirada profunda. Por la noche intentamos, una vez más, jugar con ella durante un
buen rato, pero su actitud no varió. De repente, y cuando ya era prácticamente su hora
de ir a dormir, nos sonrió y estuvo más relajada hasta que se quedó dormida. Al
despertar, a la mañana siguiente, nos vio y empezó a reír, desde ese momento nos hizo
partícipes de sus emociones, ahora ya nos había dado el aprobado.
Marga cada día se iba acostumbrando un poco más a nosotros, a partir de este día
empezamos a hacer turismo, tal y como, estaba previsto por la agencia del CC.AA. Vimos
cosas maravillosas que nunca habríamos pensado ver: la Reserva Natural de los Osos Panda
en Chengdú, el Palacio de Verano, la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla, la Opera [Marga
(7 meses) y Paloma (9 meses) estuvieron dos horas viendo el espectáculo sin decir ni
"mu" y con la vista fija en el escenario], las fiestas del Cambio de Milenio y
el Templo del Lama en Pekín y a la vez, fuimos completando todos los pasos burocráticos;
el notario, el pasaporte chino, la legalización en el Ministerio de Asuntos Exteriores
chino, la Embajada Española (Registro Civil, Libro de Familia y pasaportes españoles).
Durante estos días, los problemas que iban apareciendo, se resolvían con una facilidad
increíble gracias a la ayuda de Christine (la delegada de la agencia del CC.AA) y
Osvaldo, hasta el punto de que cuando llegó el documento original que impedía nuestro
viaje, ya teníamos todos los trámites hechos.
Christine y Osvaldo se desvivieron durante todo el tiempo por hacernos el viaje más
agradable, dándoles a nuestras hijas un afecto impensable, tanto que todavía recibimos
e-mails desde China interesándose por ellas.
La vuelta fue apoteósica, ahora ya sin las prisas y los nervios de la ida. Al llegar al
aeropuerto de Barcelona, el recibimiento fue espectacular: la llegada internacional estaba
tomada por familiares, compañeros, amigos, familias adoptantes o en proceso de adopción
y TV2. Las muestras de afecto y las emociones provocaron que cayera más de una lágrima,
fue de una emotividad inenarrable.
Afortunadamente, Marga se ha adaptado muy bien, come mucho y de todo, duerme bien, es
bastante afectiva y sobre todo se la ve feliz.
Para finalizar me gustaría dar las gracias por toda la ayuda y afecto que he recibido y
recibo y ponerme a vuestra disposición por si mi experiencia os puede ser de ayuda.
Un fuerte abrazo.