Viaje e experiencia de Montse

 

 

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Abril del 2000

 

Hoy hace justo 1 mes que Estel está conmigo. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo cuando estás con tu hija teniendo presente lo lentamente que pasaba cuando esperaba tanto la asignación como el viaje.

Os explicaré los recuerdos y vivencias de esta tan fabulosa experiencia que he podido vivir y disfrutar.

Llegamos a Beijing el día 27 de febrero. Ese mismo día cogimos un avión hacia Hefei. Éramos un grupo de 5 familias.

Nuestro viaje lo organizó Blas.

El día 28 de febrero, después de desayunar, nos reunimos todos en el comedor del hotel para esperar la llegada de las niñas. Estábamos todos sentados, con los muñequitos de peluche en las manos y mirando por la ventana hacia la calle, esperando que una furgoneta apareciera con nuestras niñas. Hubo un retraso, y aunque seguro que todos estábamos como flanecillos, lo disimulábamos muy bien (quizás porque todavía no nos conocíamos demasiado).


28-2-00. Hotel de Hefei. Esperando a las niñas. 

Hubo una falsa alarma, donde todos nos levantamos al unísono y empezamos a correr hacia la puerta. Pero no, no eran las niñas.

En un momento determinado, una furgoneta azul paró delante de la puerta del hotel y salieron unas mujeres vestidas con unos chandals rosas llevando en brazos o de la mano a cinco niñas. Ahora si, eran ellas.

Volvimos a abalanzarnos hacia la puerta. Tres niñas iban en brazos y dos caminando. Una de ellas lloraba.

Mientras las cuidadoras con las niñas se dirigían directamente y sin parar hacia el ascensor, todos intentábamos reconocer a "nuestra" niña.

Yo no la reconocí, no sabía quien era "mi" niña. Sin embargo, mis compañeros de viaje si la reconocieron: era la que lloraba.

Pienso que quizás por ese motivo no la reconocí, no por que el llorar le distorsionara de alguna manera la cara, sino por que me dolía pensar que mi hija estuviera sufriendo y no aceptaba que estuviera en ese estado.

Nos llevaron a una sala del hotel y allí, la traductora me dijo quien era Chunnan (Estel). Efectivamente era la que lloraba, aunque en ese preciso momento parecía más calmada. Estaba en brazos de su cuidadora, con la cara muy colorada y una piruleta en la mano.

Me acerqué a ella y fue justo ponerme delante cuando empezó de nuevo a llorar. Le cogí de la mano, de dije todas aquellas frases que me había aprendido en chino... pero nada, ella seguía aferrada a su cuidadora llorando.

La cuidadora le decía cosas, sé que le dijo que yo era su mamá, pero ella no atendía a razones.

La traductora se me acercó y me dijo que cómo no cogía a la niña. Pero yo no la podía coger todavía. No me conocía de nada, estaba en un lugar extraño y seguro que tenía miedo y angustia.

Nos pusimos en el suelo (la cuidadora, la niña y yo) y empecé a sacar todo mi arsenal de recursos para captar su atención: muñequitos, galletas, globos... pero nada.

Discretamente, la cuidadora hizo un mutis y me quedé cara a cara con la niña. No paraba de llorar. No dejaba que la tocara, ni aceptaba nada. Sólo aceptó una galleta en presencia de la cuidadora.

Estel se pegó a la pared sin dejar de llorar. Sentía muchísima pena. Aunque sabes que esto puede pasar, no quieres, de ninguna manera, que te suceda, y a mí me estaba sucediendo.

Me sugirieron que me la llevara a la habitación, pero ella no dejaba que la cogiera, debía esperar y darle un poco más de tiempo.


 28-2-00. Hotel de Hefei. Momento del encuentro.

 Mis compañeros de viaje se acercaban y me daban ánimos. Fueron un apoyo muy grande en todo el viaje, y desde luego, he de reconocer el mérito de paciencia, comprensión y gran ayuda que me prestó mi hermano en todos los días que estuvimos allí.

Para los que estáis a la espera de ese momento, deciros que no siempre es así. Muchos niños no lloran ni montan el "numerito" que hizo mi hija, pero cada niño es diferente, y además, cada niño tiene vivencias diferentes de las mismas cosas.

Quizás mi problema es que tenía ese momento idealizado. Es un momento que esperas con mucha ilusión, muchas ganas... pero lo que está claro es que ELLOS SON LOS QUE MANDAN.

Pues como os iba contando, Estel no paraba de llorar. Era un lloro fuerte, con ahogos y toses. Me sentía muy inútil viendo que no podía ofrecerle consuelo. En esos momentos recordaba las historias contadas en esta lista, y en especial de Judit. También recordé las palabras de Enric cuando me decía que se había de tener paciencia, que todo era cuestión de tiempo.

Respiré hondo y esperé que se calmara un poco. Al cabo de un buen rato, la cogí en brazos y me dirigí a la habitación. Justo cuando salía de esa sala, venía de frente la cuidadora de mi hija. Con señas le pedí que se escondiera, y así lo hizo. Se lo agradecí profundamente, porque si la hubiera visto, hubiera vuelto a llorar.

En la habitación viví las dos horas más largas de mi vida. Lloraba desconsoladamente. Le saqué el resto del arsenal: un libo, más globos, más galletas, más muñecos... y por supuesto, más caricias, más mimos, más canciones...

Se medio calmaba con cada novedad, pero al momento volvía a romper en llantos.

La tuve sentada conmigo en el suelo todo el rato. En un momento que me rechazó por completo se quedó frente a mí, de pie, llorando... No sabía qué hacer, qué decir, qué darle... Le extendí mis brazos hablándole con suavidad y vino a mí para abrazarme.

Sentí como que había ganado una pequeña batalla, pero ella seguía llorando.

28-2-00. Habitación del hotel. Ya se había calmado. 

Mientras sucedía esto, mi hermano pudo hablar con la cuidadora. Llevábamos la lista de preguntas acerca de datos de la niña (alimentación, control de esfínteres, desarrollo motriz, relaciones...). Evidentemente, no se pudo seguir la lista al pie de la letra, pero la cuidadora nos dio muchos datos de la niña: cómo se comportaba, con quien jugaba, qué comía, cómo dormía, enfermedades que había tenido... Tuvimos la gran suerte que la persona que nos la trajo era la persona que la había cuidado, y realmente, la conocía.

Por fin, al cabo de dos horas se calmó y decidimos bajar al comedor.

Todos estaban con sus niñas, tranquilas, comiendo. De momento Estel no lloraba, pero rechazó la comida que le di. Se acercó la guía que acompañaba a la traductora en Hefei y le dijo algo en chino mientras le daba una cucharada de tofu. Estel lo comió, y a partir de aquí devoró dos bols de tofu y dos de arroz que le di yo misma. Sentí que había ganado la segunda pequeña batalla.

 
28-2-00. Hotel de Hefei. Primera comida.

Salió del comedor caminando de mi mano, fuimos a la habitación, la cambié de ropa y se durmió.

Su despertar de la siesta fue durillo, ya que volvió a llorar. Lloraba con los ojos cerrados, como si no quisiera ver lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

Tuvimos que volver a bajar a la sala del hotel donde estuvimos por la mañana para firmar papeles y hacernos la foto para el libro de familia chino. Estel dejó constancia gráfica de sus lloros en ese libro.

Firmamos un montón de papeles y tuvimos que poner nuestra huella digital encima de cada firma. En uno de los documentos, incluso tuvieron que poner la huella del pie de las niñas.

 

A continuación, la señora notario nos preguntó uno por uno, por qué habíamos adoptado en China.

 

Durante todo el tiempo que duraron las gestiones, Estel se mantuvo pegada a mí, en brazos, como una "niña adosada", y no permitía que cambiara de postura.

 

Decidimos, una vez acabados los papeleos, salir todos a dar una vuelta con las niñas. Pero antes subimos a las habitaciones a darles algo de comer.

 

Le preparé un biberón de leche y, estando la niña de pie en medio de la habitación, me dispuse a que lo probara para dárselo. Mi sorpresa, con un gran dolor de corazón, fue ver que ella se lo tomó de un tirón, de pie, firmes, con su cabecita hacia arriba, sin esperar que nadie la cogiera.

Más tarde, mientras esperábamos a reunirnos todos para salir, mi hermano empezó a decirle cosas y hacerle carotas: ESTEL EMPEZÓ A SONREIR. Era su primera sonrisa. Mi hermano consiguió la victoria, y respiré tranquila.

Tras sus primeras sonrisas, salimos a pasear con todo el grupo. Delante del hotel había un gran parque, pero como ya era de noche hicimos un corto paseo. Fue bien. Las niñas iban tranquilitas, sentaditas en sus sillas nuevas cedidas por Blas o por el hotel.

Localizamos un supermercado donde había de todo.

De vuelta al hotel, mi hermano, Estel y yo nos subimos a la habitación.

Algunos papis que ya habían hecho el viaje nos recomendaron que nos lleváramos algo de comida para poder hacer las cenas en la habitación, por lo visto, era un "palo" tener que volver a bajar con las niñas para cenar.

Nosotros lo hicimos así, y tengo que decir que fue una idea "genial" por varios motivos: En primer lugar por una cuestión económica y en segundo lugar, y quizás en nuestro caso la más importante, porque ofrecíamos a Estel un rato de tranquilidad e intimidad que le vino muy bien.

 29-2-00. Habitación del hotel. Jugando.


Cuando subíamos a la habitación hacia las 6'30 o las 7 después de los ajetreos del día, le hacíamos su papilla, la bañábamos si no estaba muy rebotada, Estel cenaba y mientras cenábamos nosotros ella jugaba tranquila. Era un momento donde ella estaba a gusto. Le ofrecíamos un espacio y un tiempo de exclusividad muy importante para conocernos, relacionarnos, jugar... Pienso que si hubiéramos tenido que bajar a cenar ella hubiera estado más estresada, y la adaptación mutua que debíamos hacer, hubiera sido algo más larga y dificultosa.

La primera noche fue algo "movidita". No sé a qué hora, Estel empezó a intranquilizarse y rompió a llorar. Era un llanto fuerte, angustiado. La cogí en brazos e intenté calmarla, pero era inútil.

Lloraba dormida, no abría los ojos y no sabía qué le pasaba.

Al cabo de mucho rato, visto el sofocón, pensé en lavarle la cara y fue una muy buena idea, ya que se despertó, me vio y se tranquilizó.

A partir de esa noche, esa fue la táctica que utilicé, y os puedo asegurar que todas las noches me funcionó, ya que todas las noches se repitieron esos lloros. Supongo que tenía pesadillas.

El segundo día de estar con Estel, y con las demás niñas, nos llevaron a unos grandes almacenes para hacer algunas compras.

Hasta ese momento Estel se había comportado, se despertó, tomó su biberón de leche y desayunó con nosotros en el comedor.

Subirla al autocar fue un poco "penoso", le daba miedo. Estaba físicamente aferrada a mí. Supongo que asociaría el subirse al autocar con un nuevo "cambio radical".

Aprovechamos el paseo por los grandes almacenes para comprarle los zapatos. Blas nos había dado su medida, 13 cm., pero decidí llevarle sólo unas zapatillas y comprarle allí lo que necesitara.

Aunque parezca una chorrada, los zapatos allí están muy bien de precio (1500 ptas. de piel).

A medida que pasaba el tiempo, Estel se iba poniendo nerviosa, le asustaba todo. La gente no dejaba de mirarnos, e incluso se acercaba alguna mujer a tocarla. Estel no lloró, pero la vi muy asustada, por lo que decimos salir y esperar que la gente del grupo acabara con sus compras.

Cualquier cambio de situación, de lugar, de gente... la asustaba. En esos casos o bien rompía a llorar, o bien se aferraba a mí, como una niña-monito.

En muchas ocasiones, sin motivo aparente, se ponía a llorar y era imposible calmarla. Te rechazaba con manotazos o patadas. Se tiraba al suelo de espaldas a ti... y sólo podía intentar hacerle entender que yo estaba allí tocándola con suavidad. Esas rabietas podían durar de 30 a 45 minutos, si, si, con el reloj en la mano.

Al final, si intentaba cogerla, ella se dejaba, como derrotada, y a continuación, cada vez más, cambiaba la cara y jugaba conmigo.

Estas rabietas se daban una o dos veces al día. Por ese motivo, Estel dormía por la mañana y por la tarde. Quedaba agotada.

Aunque sólo fuera una rabieta al día, el resto del tiempo me sentía angustiada de pensar cuándo sería la próxima y por qué.

La verdad es que junto con las rabietas, Estel tenía una actitud de inseguridad muy grande, de miedo intermitente.

Le asustaba subir y bajar en ascensor. Cuando se veía dentro, se asustaba y lloraba.

Le asustaba subir al autocar. Aunque yo la sentaba encima de mí y la abrazaba, notaba como se me aferraba, y bajo ningún concepto quería ir sentada a mi lado. Esto fue menguando, y poco a poco empezó a jugar en el autocar con los tapones de las botellas y los pasadores del pelo. Luego ya pasó a sentarse a mi lado, y hacia el final del viaje, se ponía de pie en el asiento.

Poco a poco iba cambiando la cara e iba perdiendo el miedo tanto a los ascensores como al autocar.

De todas maneras, Estel sigue siendo una niña asustadiza, aunque en la actualidad ya la veo más segura y tranquila.

Se asusta con los truenos, como muchos niños, pero también se asusta con el ruido de una moto cuando pasa por la calle, o del ruido que hace la vecina cuando arrastra una silla. Poco a poco parece que va ignorando esos sonidos.

El aspirador no se ha podido enchufar porque con el sonido, se le pone cara de terror.

Con el minipimer vamos haciendo progresos. Le aviso que lo voy a enchufar, pero al oírlo se va corriendo a la otra punta de la casa.

Por suerte, no tiene miedo al ruido de la lavadora.

Lo que le asusta de veras es el perro que tienen mis padres. Es un perro enorme, mezcla de mastín y pastor alemán. El pobre animal es tan grande como manso. Mi sobrino de 1 año se le sienta encima de la cabeza dando botes y el pobre ni se mueve. Mi otro sobrino, cuando tenia 3 años, se quedó dormido en el regazo del perro durante más de 2 horas, y el pobre animalito ni se movió.

Pero claro, el problema no está en el perro, sino en la niña.

Estel ve al perro dos veces al día como mínimo, y a un mes de nuestra llegada, todavía corre a mis brazos cuando "lo oye". (Nosotras vivimos en el piso de encima de mis padres).

Todos estos miedos van menguando. Supongo que es cuestión de tiempo y de que vaya acostumbrándose a los ruidos de aquí.

Otros aspectos que os quería comentar es por ejemplo la comida.

Durante el viaje y durante los 5 primeros días de estancia en casa, Estel comió de todo y en abundancia.

 11-3-00. Comiendo en casa.


En China, y tras los comentarios de las cuidadoras, le dábamos un biberón de leche por la mañana y otro por la noche.

Los dos primeros días se tomó los biberones enteros, pero a partir del tercer día, el tema de la leche empezó a flaquear.

Llevábamos leche entera en polvo normal, ya que con 2 años, nos dijeron que no necesitaba leches especiales. Por si acaso, también llevé leche de soja, pero el bote actualmente está guardado y sin abrir.

Hoy por hoy sólo toma un vasito de leche con colacao por la mañana. Si se le ofrece más durante el día, la rechaza.

He probado con la leche de almendras, y se la toma cuando le da la vena.

Respecto a los productos lácteos, no quiere ni verlos, es más, todo lo que sea blanco y con textura de puré, también lo rechaza.

En China comía de todo: verduras, arroz, carne, pescado... una maravilla.

Aquí, ahora, sólo come carne, pollo, pescado y tortillas. Rechaza todos los primeros platos (pasta, arroz, verduras...) También le gustan los palitos de pan.

La verdad es que no me preocupa. Cada niño tiene su ritmo, y quizás su leve anemia le "aconseja" comer lo que come. No quiero forzarla, ya que, si a mí me costó acostumbrarme a la comida china, a ella le ha de costar acostumbrarse a la comida de aquí.

En un mes no ha aumentado de peso pero ha crecido un poquito. Ya está bien.

Para el viaje llevábamos papillas de cereales y de arroz. Se las comió muy bien, pero aquí, ya no las quiere ni ver.

Allí también comió cereales para desayunar, y ahora aquí no los quiere.

Para las meriendas, conseguíamos fruta y le hacíamos papillas de frutas con galletas. Le encantaba, pero ahora, ni verla.

Allí se pasó el tiempo comiendo galletas, ahora sólo las come de vez en cuando.

También llevamos "potitos". Comió algunos, pero ahora, tampoco los quiere.

No os vayáis a pensar que esto es un drama, yo me lo tomo como un proceso de adaptación. Los niños saben autorregularse y comen lo que necesitan. Supongo que lo que nos gustaría es que comieran todo lo que les damos y en un orden adecuado (según mandan los pediatras).

Hace unos días leí en un libro sobre alimentación infantil que los niños, una vez empiezan a caminar, debido a lo estimulante de la situación, pierden un poco las ganas de comer. Yo lo traslado a la situación de mi hija: Actualmente está en un momento de muchos estímulos y cambios. Puede que esto la "distraiga" de comer, pero como decía el libro, quizás hemos de mirar lo que un niño come a la semana, no en un solo día.

Pues, ala, no preocuparse por la comida, que la naturaleza es sabia, y en los niños, todavía sigue mandando.

El día 1-3-00, quinto día de viaje y tercero con Estel, fuimos a ver el orfanato de Hefei. La visita se hizo a propuesta mía, aunque algunas de las familias no estaban demasiado de acuerdo.

No nos pusieron ningún problema para ir a visitarlo, sólo se tuvo que pedir y dijeron cuándo podíamos presentarnos.

Aquella mañana había sido algo dura para mí. Al bajar al comedor para desayunar, Estel empezó a llorar. No sé qué le pasaba. La cuestión es que me volví a la habitación sin desayunar para no molestar más a la gente que allí se encontraba.

La noche había sido de armas tomar, y ese rebote mañanero pudo conmigo. Al llegar a la habitación, Estel seguía llorando estruendosamente. Para más inri y recochineo, en la habitación estaba la camarera arreglando la habitación.

Puse a Estel en el suelo, ya que no paraba de dar manotazos y patadas. Me senté a su lado y me derrumbé.

La pobre camarera no sabía qué hacer. Intentó calmar a la niña, me trajo pañuelos... en fin, un episodio que no deseo a nadie.

Estel se calmó, por fin, y pudimos marchar. Una vez en el autocar, la niña se durmió, supongo que agotada.

Se durmió justo cuando llegamos al orfanato, y no me atreví a moverme del asiento del autocar por miedo a que el episodio se repitiera, por lo que, personalmente, no pude ver el orfanato, pero le pedí a mi hermano que fuera él y que hiciera el mayor número de fotos posible.


El orfanato, a pesar de que no es el mejor sitio para un niño, era un complejo de edificios agradables, pintados de blanco y con unos jardines donde jugaban grupos de niños.

Era un día soleado y las habitaciones estaban abiertas, ventilándose. Según mi hermano, se respiraba un cierto olor como a desinfectante.


 

Las instalaciones estaban limpias, quizás les faltara una manita de pintura, pero eran estancias agradables, con dibujos en las paredes y moqueta en algunas habitaciones.

Allí donde había niños, se oía música. Xavi (mi hermano) pudo observar que en casi todas las habitaciones había radiocassettes, y en las salas comunes, televisores con vídeo.

Los dormitorios se organizaban por edades. Enseñaron las habitaciones y las camas donde habían dormido nuestras niñas hasta entonces.

Reconozco que tenía un especial interés en conocer el lugar donde había vivido mi hija hasta entonces. Para alguna gente parece que no sea importante, que quieran borrar todo lo anterior. Pero mi hija ha tenido una vida anterior a conocerme a mí, y considero que no lo he de ignorar, es más, creo que llegará un día que ella puede cuestionarme el dónde, y quiero tener la respuesta.

Como he dicho antes, un orfanato no es el mejor lugar para un niño, pero viendo lo que vi, y teniendo los datos de la cuidadora sobre mi hija, creo que ha estado bien atendida y que ha tenido un entorno mínimamente agradable.


Si no nos hubieran dejado ver el orfanato, quizás no pensaría así y preferiría inventarme una historia. No lo sé.

La verdad es que a Estel le gusta ver las fotos del orfanato, señala a las niñas y a alguna cuidadora. No sé lo que le debe pasar por la cabeza cuando ve las imágenes, pero no las rechaza, es más, se pasa rato viéndolas.


Os quería comentar algunos aspectos que han salido en la lista:

Cuando me asignaron a Estel, el informe médico era de 7 meses antes. Al cabo de pocos días, y tras pedirlo, Blas me envió una actualización de sus datos añadiendo, además, aspectos de relación, alimentación y costumbres.

Tuve que insistir mucho para que me dijeran su medida del pie, pero al final, también me lo dijeron.

Respecto al calendario de vacunaciones, estando en China, nos lo dieron, y evidentemente estaba en chino. La traductora nos lo tradujo, pero muy mal, de manera que cuando llevamos los calendarios a los pediatras, nos dijeron que era IMPOSIBLE que esas vacunas fueran las que ponían (6 dosis en vacunas que sólo se pone 1, o 2 dosis en vacunas que necesitan 6).

Por ese motivo, el pediatra recomendó una analítica donde se viera de qué estaba vacunada y de qué no. Además aprovechamos es análisis para ver cómo estaba en general (anemia, VIH...). También se le hicieron análisis de orina y de heces.

Paralelamente, escribí a Blas informando que había habido un error en la traducción de las vacunas y les pedía una nueva traducción para evitar el volver a pinchar de todo a mi hija (escaneé el calendario con la traducción de la traductora).

Al cabo de unos días, Blas me contestó: Me hacía una traducción de todo el calendario de vacunaciones, me insistía que eran las que se ponían por ley y me especificaba la variación de algunas fechas debido a una gripe que padeció mi hija.

Aclaraba el exceso de algunas vacunas debido a leyes que se habían establecido en el país.

Con este nuevo calendario y los resultados de la analítica, volví al pediatra y se cotejaron los datos. Todo estaba bien.

Se extrañó de alguna vacuna que aquí ya no se pone desde hace más de 20 años, y notó la ausencia de otra que aquí se está poniendo.

Por otro lado, vimos que, a pesar de llevar puesta 3 dosis, no está inmunizada del tétanos.

Para los futuros papás, esto os puede servir de experiencia: Aunque os den el calendario de vacunaciones, quizás vale la pena asegurarse qué está inmunizado y de qué no.

Respecto a la salud, Estel está muy bien.

El tema del "dormir" es otro aspecto que puede "preocupar". Os explico cómo ha sido en mi caso.


28-2-00. Durmiendo en el hotel.

Cuando llegamos al hotel de Hefei, ya había instalada una cuna. Cuando la vimos, consideramos que era pequeña para la niña, y al no haber protectores para los barrotes de madera decidimos desmontara y hacerle la cama en el suelo. Nos facilitaron un par más de almohadas y la cama quedó bien.

En Pekín la cuna era de camping, muy alta, y yo no llegaba bien a cogerla y dejarla (la niña pesaba unos 10 kilos), por lo que hicimos lo mismo, la desmontamos y le hicimos la cama en el suelo.

Tal como os expliqué, antes de cenar ya estábamos en la habitación. Estel cenaba y luego nosotros. En este rato ella se relajaba, jugaba con nosotros, o simplemente se quedaba tendida en mi cama jugando con alguna cosa.

Se dormía sola, no era necesario cogerla en brazos, ni pasearla ni nada.

El día que llegamos a casa, Estel entró dormida, por tanto, no conocía nada, ni tan siquiera su habitación. Por ese motivo decidí que durmiera conmigo en mi cama.

Esa noche "descubrí" lo que se movía, por lo que pensé que debía comprar una barandilla para su cama.

La barandilla tardó varios días en llegar, ya que yo sola no podía ir a buscarla, me habían de acompañar.

A todo esto ya habían pasado unos quince días, pero consideraba que quizás era muy violento ponerla a dormir sola. (¿Boberías de mamá? No sé, quizás)

Opté por ponerla a dormir la siesta en su habitación, aunque por las noches seguía durmiendo conmigo. Esto la ayudaría a ir conociendo ese cuarto tan decorado que le preparé (la luna y las estrellas en un lado, el sol y las nubes en otros, móviles con estrellas, sus muñecos de peluche...).


Los primeros días nos íbamos juntas a dormir. El cambio horario también me afectaba a mí, y he de reconocer que estaba hecha polvo.

Al cabo de unos quince días, pensé que ya era el momento de irle estableciendo un horario más adecuado y la puse a dormir a las 9'30. Aquí empezaron las "peleas". Cuando ella veía que le quitaba las zapatillas, empezaba a llorar e intentaba impedirlo. Yo me estaba un ratito con ella, hasta que se calmaba. Entonces le decía que volvía enseguida y la dejaba un ratito sola. Me dedicaba a ir y venir aumentando el tiempo de ausencia hasta que se quedaba dormida.

Esto iba mejorando, ya que, supongo que ella se sentía cansada, al decirle que tenía que ir a dormir, ya no lloraba cuando le quitaba las zapatillas, al contrario, cogía sus muñecos y algún juguete y se dirigía a mi habitación.

Para las siestas la cogía en brazos y me situaba en su habitación. Le hablaba flojito y le hacía mirar las cosas que decoraban SU habitación. La dormía en brazos.

Así ha sucedido hasta hacer unos tres días. El día 15 por la noche, al decirle que íbamos a dormir, cogió su osito (Antón) y su conejito (María), y se fue pasillo abajo. Cuando pasó por mi habitación frenó, pero siguió caminando hacia SU habitación. Le pregunté si quería dormir en su habitación y se puso contentísima. Subió sola a la cama con una sonrisa de oreja a oreja y se dejó quitar las zapatillas riendo.

Tengo que confesar que a mí me sentó como una patada, pero sinceramente me alegré un montón, ya que era una muestra de que Estel reconocía ese espacio como suyo y se sentía segura y tranquila. Ella sabe perfectamente que yo no duermo allí.

Ya veis, las cosas progresan aunque nos pensemos que no.

No ha vuelto a tener pesadillas, en casa sólo las tuvo los tres primeros días, duerme de un tirón aunque a veces parece que se inquieta o que se va a despertar llorando. He descubierto que esto le pasa si lleva el pañal muy cargado, pero eso tiene fácil solución.

Ya veis, Estel empieza a independizarse de mí.

Quiero agradecer todos, los mensajes que he recibido en relación al relato que estoy haciendo de nuestro viaje.

He de decir que me gusta hacerlo y compartirlo, por que en su día, a mí me gustaba que me explicaran las experiencias que habían tenido otras familias con sus hijas. Me ayudaban a pasar el tiempo de espera y de alguna manera me preparaba para el tan deseado momento.

También os quiero comentar que estos relatos, debidamente impresos y encuadernados serán un regalo para Estel el día que pueda leerlos y entenderlos.

Creo que es muy importante que conozca lo deseada que ha sido, el proceso que he seguido para poder convertirme en su mamá...

La verdad (y quizás os pensáis que estoy un poco "tocada") es que le estoy montando toda una serie de "libros". Os lo explico y así quizás os doy alguna idea, aunque seguramente más de uno ya lo hace y no se ha comentado:

 

1.- DIARIO DE TODO EL PROCESO. Desde el primer día que llamé a ICAA para informarme sobre la adopción hasta el día anterior al viaje. Es simplemente un diario con todo el proceso, mis dudas, mis miedos, mis gestiones, mis papeleos... es decir, todo el proceso previo.

2.- LIBRO DE LA ASIGNACIÓN. En él está su asignación y todas las felicitaciones recibidas por tal motivo.

3.- PREPARACIÓN DEL VIAJE. Incluyo todos los e-mail a Blas y las cartas con las familias con las que fuimos. Además están las listas de viaje, las recomendaciones de otras familias adoptantes. Va desde la asignación hasta el día de marcha.

4.- RELATO DEL VIAJE. Es básicamente el que os he relatado, sólo que especificando los días y en catalán.

Independientemente de esto, los álbums de fotos:

- previos al viaje con sus explicaciones (incluyo las fotos del expediente, las de la preparación de su habitación, las modificaciones hechas en casa para adaptarla a una casa con niños, los regalos que le hicieron...)

- fotos del viaje con sus comentarios, no muy extensos por que ya hay un diario.

- posteriores.

Este último es muy extenso, e intento recoger todos sus "primeros momentos" en casa y en el entorno que ya es el suyo con comentarios del cómo, dónde y cuándo. La máquina de fotos siempre está a punto.

Otra cosa que hice, fue comprar toda la prensa del día que llegó a Barcelona.

Quizás todo esto me hace más ilusión a mí que a la niña, pero mis padres hicieron conmigo y mis hermanos algo semejante, y he de decir que me hace mucha ilusión ver los numerosos álbums de fotos que guardan los felices abuelos de Estel de esta que es ahora su mamá.

Claro está que esto lleva algo de tiempo, pero creo que merece la pena. Este es uno de los motivos por el cual tardé tanto en empezar a escribir a la lista después del viaje, pero ahora yo también disfruto viendo los álbums comentados.

En el caso de parejas, os puede resultar más cómodo y fácil hacerlo, ya que os podéis organizar mejor el tiempo.

Espero que os hayan gustado las ideas y si todavía estáis leyendo esto os agradezco el interés.

Hoy por hoy, Estel ya ha empezado a ir a la guardería, no llora cuando va en su sillita del coche y empieza a intentar decir muchas palabras. La verdad es que está creciendo muy deprisa y aunque me duele, eso es bueno.

...y esto es sólo el comienzo de una historia, ya que la historia de verdad es la que todavía está por vivir.

                                                    Montse.

19-6-00. Jugando en el parque.


   

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